Salud
Mano Pixabay

No debemos olvidarnos de que las articulaciones contribuyen a la unión de los huesos dándoles esa elasticidad necesaria para nuestros movimientos, sin ellas la flexibilidad no sería posible. Dicho funcionamiento puede ser dañado por lesiones, degeneraciones óseas, inflamaciones y patologías propias de la edad. Asímismo también el ejercicio físico intenso y repetitivo da lugar a un desgaste inevitable de las articulaciones en las personas jóvenes.

Las articulaciones son trabajadoras a tiempo completo del organismo y ejercen una labor imprescindible en nuestro cuerpo, aunque no nos demos cuenta ni le demos la importancia debida. Cuando el dolor es persistente y las alteraciones son notables empezamos a preocuparnos,deseando pasar a la acción y apagar ese botón de alarma. Por ello es recomendable dotar a nuestra nutrición complementos alimenticios como Epaplus en Dosfarma.

Para tratar estas estructuras tan relevantes en el aparato locomotor primero deberíamos conocerlas:

Clasificación de las articulaciones

Atendiendo a su composición, pueden ser:

  • Articulaciones fibrosas: Formadas por tejido fibroso, muy rígido, que en algunas ocasiones puede llegar a adquirir la consistencia y textura del hueso. Se caracteriza por una movilidad mucho más reducida.Como ejemplo podríamos destacar las suturas, que unen los principales huesos del cráneo.
  • Articulaciones cartilaginosas: En este caso, la unión es el cartílago, que no destaca por un amplio movimiento. Esta categoría se subdivide en dos tipos:
    • Articulaciones cartilaginosas primarias o sincondrosis, que son conjunciones temporales entre huesos a través de los cartílagos, como las uniones entre fragmentos de un mismo hueso emergente
    • Articulaciones cartilaginosas secundarias o sínfisis, que son uniones cartilaginosas muy rígidas y definitivas, entre dos huesos por medio de las vértebras.
  • Articulaciones sinoviales: Es el tipo más conocido; su rasgo principal es que está dotada de una cavidad, llamada cápsula articular, que les confiere una gran movilidad. Además posee de líquido sinovial que actúa como lubricante para evitar el rozamiento en dicha articulación. Un ejemplo clave es el ubicado en las rodillas que interviene necesaria y eficientemente en la rótula.

La actividad física como posible factor del desgaste articular

Las articulaciones están en constante movimiento y evidentemente soportan el desgaste con el paso del tiempo. A la llegada de edades más avanzada uno de esos "achaques" pueden ser el dolor y rigidez articular. Por ello es altamente recomendable incluir una rutina de ejercicios físicos moderados y adaptados a las características de cada persona.

Entre el amplio catálogo de actividades más aconsejables para mantener la forma serían, por ejemplo pilates, yoga, taichi, natación, la marcha, el senderismo, o disfrutar de paseos. Lo fundamental es la cotidianidad y frecuencia de dichas prácticas.

Por supuesto también, el abuso de actividad física puede ser contraproducente para el sistema articular e incluso contribuir a un desgaste prematuro. Los deportistas de élite y las personas que ejercen un trabajo en el que se desarrollan movimientos repetitivos suelen sufrir de las articulaciones. Incluso existen enfermedades profesionales causadas por el uso constante de las articulaciones, como en sectores deportivos (tenis) o de servicios como operarios de limpiezas o personal de cadenas de montaje.