Salud
Una momia. PD

Durante siglos, cientos de esqueletos han estado regados en una cripta bajo una iglesia en Vilna, Lituania. Sin embargo, 23 de esos restos son distintos a los demás: la carne cubre los huesos, la ropa cubre la piel y los órganos todavía llenan las entrañas.

Son momias y, como fueron descubiertas hace unos cinco años, un grupo de científicos las han examinado con el fin de conocer mejor la vida de personas que vivieron en los siglos XVII, XVIII y XIX, así como las enfermedades que padecieron.

"Se encuentran tan bien preservadas que casi parecen vivas", comentó Dario Piombino-Mascali, un antropólogo italiano que ha estudiado a las momias desde 2011.

Recientemente, Piombino-Mascali y sus colegas han descubierto remanentes del virus de la viruela en una de las momias, con lo que se tienen conocimientos nuevos sobre los orígenes de ese azote letal que mató a aproximadamente 300 millones de personas tan solo en el siglo XX.

Explica Nicholas St. Fleur este  8 de junio de 2017 en 'The New York Times' que el trabajo da continuidad a sus descubrimientos anteriores: signos de raquitismo, osteoartritis y parásitos intestinales en las momias. Y no son los únicos investigadores que están desenterrando nuevos hallazgos en los cuerpos bien preservados de quienes murieron hace mucho tiempo.

El estudio de restos momificados en otras partes del mundo ha producido una perspectiva histórica a la propagación de enfermedades mortales y condiciones médicas dañinas, desde enfermedades cardiacas en la América prehispánica hasta diversas cepas de tuberculosis en los europeos del siglo XIX.

Al saber cuánto tiempo han existido estas enfermedades y hacer un mapeo histórico, los científicos pueden atacarlas mejor en la actualidad.

"La mayoría de las personas no se dan cuenta de que puedes aprender sobre medicina moderna a partir de las momias antiguas", dijo Frank Rühli, el jefe del proyecto suizo de las momias en la Universidad de Zúrich, en Suiza, quien está estudiando los órganos internos de momias iraníes y egipcias.

"Esas historias clínicas históricas son como una caja de dulces para nosotros".

En el corazón de Vilna, la iglesia del Espíritu Santo es una brillante obra maestra de la arquitectura del barroco tardío. Sin embargo, oculta algo más oscuro.

Adentro, hay un altar detrás de una enorme plataforma de madera donde la gente se arrodilla a rezar. Debajo se encuentra una escalera de piedra tan estrecha que solo puede pasar una persona a la vez. Los investigadores la comparan con la entrada a una guarida secreta: los escalones descienden hasta un mundo subterráneo oscuro y polvoriento.

Una reja metálica negra conduce a unas cámaras laberínticas que albergan los cadáveres. Alguna vez hubo partes de cuerpos apiladas formando una pirámide en el piso, así como amontonadas en estantes que llegaban al techo.

Durante la mayor parte de su historia, los cuerpos se preservaron intactos: las temperaturas frescas y la ventilación en la cámara subterránea había causado que se momificaran de forma espontánea. Sufrieron alteraciones con el paso de los siglos a medida que la ciudad y la iglesia fueron ocupadas por Napoleón y luego por los nazis, pero fue durante la ocupación soviética de Lituania que se produjo un cambio drástico en el destino de las momias.

En la década de 1960, un científico forense llamado Juozas Albinas Markulis se convirtió en uno de los primeros en estudiar a las momias. Él quería saber si había víctimas de la Segunda Guerra Mundial mezcladas con los cadáveres de los siglos XVII, XVIII y XIX. Extrañamente, los lituanos conocen poco sobre la labor científica de Markulis pero es célebre por haber sido un espía que -mientras se hacía pasar por líder de la resistencia lituana- conducía a otros dirigentes a las emboscadas soviéticas.

Markulis y sus estudiantes en la Universidad de Vilna identificaron 500 cuerpos en la cripta, de los cuales alrededor de 200 estaban momificados. En 1962, funcionarios del gobierno lituano inspeccionaron la cripta y ordenaron que las momias se sellaran tras un vidrio por temor a que se pudiera iniciar una epidemia debido a los cadáveres infectados. La llamaron la cámara de la muerte.

Pronto se levantó un muro de vidrio que detuvo la circulación del aire e hizo que el ambiente fuera demasiado húmedo, causando el deterioro de las momias. Markulis trató de salvarlas, pero el gobierno ignoró sus súplicas. Pronto, se cerró el sitio y permaneció sin afectación hasta el retorno de los antropólogos en 2004.

De 2008 a 2011, los investigadores empezaron a inspeccionar y extraer las momias de la cripta. De las 200 que Markulis -quien murió en 1987- había estudiado, solo 23 quedaban intactas.

Sin embargo, mientras él buscaba descubrir la identidad de las momias, Piombino-Mascali y sus colegas se concentraron en estudiar cómo vivieron.
Misterios médicos momificados

Al analizar los restos, Piombino-Mascali identificó varios con signos de deterioro dental y gingivitis, así como artritis y deformidades óseas. Para investigar más a fondo los problemas de salud, realizó tomografías computarizadas en las siete momias mejor preservadas.

Un hombre obeso tuvo artritis en la columna vertebral, la pelvis y ambas rodillas, una costilla fracturada en el lado derecho e hipertrofiada la glándula tiroides, lo que pudo haber sido causado por el bocio. Una mujer obesa tenía un tumor benigno en la espalda baja. Ambos habían sufrido obstrucción arterial, un problema de salud asociado, en general, con las dietas modernas.

"Fue muy extraño", dijo Piombino-Mascali sobre los exámenes, "porque no estábamos sintiendo como si solo fueran objetos de interés cultural y arqueológico. Era como si estuvieran con nosotros dispuestos a hacerse un examen para saber su condición médica".

Los investigadores enviaron muestras de un niño momificado del siglo XVII a un colega en Canadá, quien descubrió remanentes del virus variola que causa la viruela, enfermedad que en el pasado llegó a arrasar con la mayor parte del mundo. Al hacer la secuencia del virus, el equipo ha obtenido conocimiento de los orígenes del letal flagelo.

"No había ninguna evidencia, en ningún resto, que sugiriera una infección de viruela, así que la presencia del virus variola fue muy sorprendente", señaló Ana Duggan, una bióloga de la Universidad McMaster que trabajó con Piombino-Mascali.

"Es el genoma completo más antiguo que tenemos de ese virus".

La experta comentó que el ADN antiguo los ayuda a mapear un cronograma de la viruela. Versiones históricas de Egipto, China y la India han sugerido que la viruela había infectado a los humanos durante miles de años. Sin embargo, al comparar la cepa del siglo XVII con muestras modernas de variola, encontraron que compartían un ancestro común que surgió entre 1530 y 1654. Su hallazgo indica que es posible que los tipos más letales de viruela hayan evolucionado más recientemente de lo que se había pensado.


Salud contemporánea y restos antiguos

El descubrimiento en la cripta de Lituania es uno de los más recientes en una larga línea de importantes hallazgos médicos para los que se han utilizado análisis intensivos de momias para mostrar cómo las enfermedades de los humanos modernos se conectan con las experiencias de nuestros antepasados.

En 2013, un equipo coordinado por Randall C. Thompson, un cardiólogo en el Instituto de Cardiología St. Luke's Mid America en la ciudad de Kansas, en Misuri, realizó tomografías computarizadas de 130 momias del antiguo Egipto y del Perú prehispánico, así como de esos nativos estadounidenses en el suroeste y del pueblo unangano en las islas Aleutianas.

Thompson y sus colegas descubrieron que más de un tercio de las momias tenían alguna forma de arteriosclerosis, o endurecimiento de las arterias, lo cual puede ocasionar enfermedades cardiacas. Las momias afectadas provenían de diversas regiones geográficas y vivieron en un periodo de más de 4000 años; un recordatorio de que los problemas cardiacos han prevalecido desde hace mucho tiempo y no son un simple resultado de las dietas modernas.

"Encontramos que las enfermedades cardiacas son más viejas que Moisés", dijo. "Esta enfermedad estaba presente y no era difícil de encontrar por todo el mundo, cubriendo una amplia franja de la historia humana".

Al utilizar las inscripciones funerarias en las tumbas, identificaron su caso más antiguo de enfermedad cardiaca coronaria en Ahmose-Meritamón, una princesa egipcia que vivió de 1550 a 1580 a.C., y tenía más de 40 años cuando murió. El ejemplo más antiguo de obstrucción arterial que encontraron fue el de una momia egipcia que data de más o menos el 2000 a.C.

Mark Pallen, un profesor de genómica microbiana en la Universidad de Warwick, llegó a conclusiones similares en 2015, cuando estudiaba la tuberculosis en unas momias que se encontraron en una cripta húngara junto con más de 200 cadáveres.

Su equipo ha extraído ADN de bacterias de tuberculosis de los pulmones de momias de 200 años de antigüedad, con lo que descubrieron que en el pasado las personas podían portar múltiples cepas de bacterias a lo largo de su vida.

Utilizaron una técnica conocida como secuenciación metagenómica que no se había aplicado a cadáveres momificados, eso permitió que los investigadores extrajeran el ADN microbiano directamente en lugar de tener que cultivar las bacterias en placas.

Debido a su éxito en las momias, Pallen había usado la técnica con muestras de mucosidad de personas para obtener el ADN de bacterias de tuberculosis. "En este caso, los muertos sí instruyeron a los vivos", comentó Pallen.

De regreso en Lituania, Piombino-Mascali dijo que se habían encontrado casos tanto de arteriosclerosis, como de tuberculosis en las momias de la cripta de la iglesia. Los hallazgos ofrecieron evidencia de que hasta la clase alta de los siglos XVIII y XIX en Vilna experimentó problemas crónicos de salud, incluidos los relacionados con la mala nutrición.

Sin embargo, lo más importante para Piombino-Mascali es que ahora las momias están compartiendo su historia.

"Esa cripta fue testigo de todas las fases históricas de Vilna", dijo Piombino-Mascali.

"Pero ahora, finalmente, se le ha regresado a la ciudad. Las historias le pertenecen a Lituania y, especialmente, al pueblo lituano".