Salud
Conibear tuvo que irse a vivir a casa de sus padres

Así comienza su testimonio a la BBC la bloguera británica Katie Conibear, de 31 años.

Katie sufre trastorno bipolar y recientemente le contó a un programa de BBC Three el impacto que esta condición ha tenido sobre su vida.

Después de 10 años intentando entender por qué, estando totalmente sobria, pasaba de bailar en la barra de una discoteca sola a querer estampar mi auto contra un árbol, me diagnosticaron con trastorno bipolar.

Me di cuenta de que la relación de amor-odio que tenía no era conmigo misma, sino con mi desorden bipolar.

Este desorden afecta a entre un 1 y un 2% de la población, con un 5% más que se cree que se sitúa en algún punto del espectro.

Es una condición severa de salud mental, en la que se alteran fases de subidón maníacas con bajones depresivos.

Es mucho más que simplemente estar contento o triste. Algunas personas, como yo, también sufren alucinaciones y pensamiento delirante.


Euforia

Cuando estoy en la manía, me encanta mi desorden. La euforia que siento no se puede comparar a la que te aporta ninguna otra droga.

La sensación es adictiva y nunca quiero que se acabe. La excitación es épica, como si estuviera viviendo en una película en la que soy la estrella.

Todo el universo da vueltas a mi alrededor.

Por la cabeza me pasan constantemente pensamientos que destilan una confianza enorme y gratificante: "¡Soy la mejor en todo!"; "¡puedo hacer cualquier cosa, ser cualquier persona!"; "nada me afecta, soy invencible".

Soy por naturaleza una persona creativa, y cuando estoy en fase maníaca lo único que quiero hacer es crear.

Hago tantas cosas que ni siquiera es gracioso.

Las ideas me vienen constantemente a la cabeza y sé que tengo que hacer algo en ese momento o desaparecerán.

Así que me pongo a dibujar y escribir durante toda la noche y luego todavía tengo más energía que la que necesito para un día entero de trabajo.

Cuando estoy estable o deprimida, me encuentro con frecuencia soñando despierta sobre estos aspectos de la fase maníaca.

Lo echo de menos. Y me siento muy culpable y estúpida por hacerlo, pero por momentos he dejado de tomar mi medicación en un intento de volver a eso.


Fracaso

Lo que odio del desorden bipolar, más que cualquier otra cosa, es lo que llamo mi resaca maníaca.

Me doy cuenta de que he gastado demasiado, pero no durante una o dos noches, sino durante un periodo de meses.

Me he encontrado endeudada hasta los dientes en más de una ocasión y la primera vez que me pasó esto tuve que volver a vivir a casa de mis padres.

Me dio una vergüenza terrible y me sentí un fracaso total, pero por suerte tenía esta opción.

Tras semanas y meses de fase maníaca, vuelvo a ver con claridad y me doy cuenta de que he hecho cosas de las que me voy a arrepentir durante años.

Veo cuánto estrés he puesto sobre los hombros de mi familia y amigos con mis emociones impredecibles y a veces iracundas.

De estar siempre llena de energía y sin poder dormir, me he vuelto emocional y físicamente exhausta.

He estado completamente exhausta durante semanas y ni siquiera me he dado cuenta.

Todo lo que quiero hacer es volverme una ermitaña, esconderme del mundo en la cama y comer comida basura.

Obviamente, odio la depresión, que es normalmente parte de toda la resaca maníaca.

La yuxtaposición entre la fase maníaca y la depresiva es ridícula.

He oído la descripción de "es como vivir en una montaña rusa", pero es demasiado simplista.

Las montañas rusas, para mí, son divertidas, y los bajones de una depresión aguda están lejos de ser divertidas o lúdicas. La depresión, al igual que las fases maníacas, se apodera de ti completamente, y no te deja.

Sabía que necesitaba un medio para lidiar con estos sentimientos complejos así que hace unos años empecé un blog.

Me da un vehículo cuando encuentro difícil articular qué es vivir con trastorno bipolar.

También voy a un grupo de apoyo en Reino Unido, lo cual me ha hecho sentir que no estoy completamente sola en esto.

He empezado a aceptar mi diagnóstico y a vivir con él. Veo regularmente a un psiquiatra, tomo una medicación que ahora me va bien, y espero dentro de poco hacer también terapia.

Aunque sé que mi relación con la bipolaridad siempre va a ser difícil, siempre voy a amarla y odiarla.

Este artículo fue publicado originalmente en BBC Mundo. Leer más