Salud
Beatriz López Doncel. BSD

Beatriz López Doncel, de 37 años, la auxiliar de enfermería detenida tras la soprendente muerte de una paciente octogenaria del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid), tiene un perfil psicopático.

Así lo revelan en ABC Carlos Hidalgo, M. J. Álvarez y Pablo Muñoz -este 11 de agosto de 2017.

Añaden los periodistas que Beatriz había estado en tratamiento por depresión. En cualquier caso hay dos elementos clave: no habría actuado «por compasión» -la víctima iba a ser dada de alta-, y era plenamente consciente de lo que hacía; es más, aprovechó sus conocimientos médicos para cometer un crimen que sabía que dejaba muy poco rastro.

Hace aproximadamente dos años se produjo un primer suceso que fue objeto de investigación: la muerte de otra paciente, también octogenaria, en circunstancias extrañas.

Como en el segundo caso, su estado no revestía riesgo vital e iba a ser dada de alta. Pero murió repentinamente. Los médicos apreciaron una burbuja de aire en el corazón y dieron parte a la Policía Nacional.

Entonces, se abrió una investigación que no llegó a ningún puerto, ya que no se hallaron pruebas. Pese a ello, las pesquisas continuaron, según las fuentes consultadas. Lo confirmó la propia presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

«Desde hace algunos meses, había sospechas de que pudiera estar ocurriendo algo irregular en el hospital. Los investigadores pidieron al Gobierno regional que mantuviera una actitud sigilosa».

En ese tiempo se indagó en el personal de la planta, entre ellas a Beatriz. Pero la auxiliar se dio de baja poco después del suceso, por una rotura en un hueso del antebrazo, en su entorno laboral.

Hasta que en mayo regresó a su puesto de trabajo, en la planta 5 B del Príncipe de Asturias. Allí se encuentra el servicio de Medicina Interna, donde se produjeron ambas muertes.

El jueves se desencadenó la segunda con el mismo patrón. La víctima fue otra anciana, de 86 años, que también estaba a punto de recibir el alta. Pero, de manera inopinada, sufrió una crisis que provocó su muerte instantánea. Los médicos no daban crédito.

Por ello, se apresuraron a realizarle un TAC con contraste antes de que cualquier señal sospechosa pudiera desaparecer y revisaron la medicación que le había sido suministrada.

El radiodiagnóstico, idéntico que la vez anterior: había una burbuja en el corazón. Alguien le había inyectado aire y había acabado con su vida. «Es el crimen perfecto», dicen las fuentes.

O casi perfecto. Los médicos, que sospechaban de Beatriz, alertaron a la Policía, que la detuvo el sábado. La juez de guardia ordenó su ingreso en prisión, sin fianza. Se ha interrogado a todo el personal sanitario de la planta 5 del Príncipe de Asturias.

También se revisan todas las historias clínicas y circunstancias de los pacientes fallecidos durante los turnos en los que trabajó la detenida, pues no se descartan otras víctimas. Sin embargo, será difícil probar su presunta autoría en el primer caso u otros si los hubiera. La única forma de acusarla de ellos sería mediante la acumulación de indicios.

Las familias, inquietas

En el hospital no se hablaba de otra cosa. Pero la cerrazón era total y el control, férreo. Nadie podía acceder a la Unidad de Medicina Interna si no tenía a un familiar ingresado. Un vigilante de seguridad, listado en mano, preguntaba número de habitación y nombre del paciente.

Los familiares expresaban su inquietud:

«Es para asustarse, la verdad. Lo peor es que no sea un caso puntual y lo haya hecho más veces. Si había recelos: ¿por qué no se tomaron medidas?».

«Tengo escalofríos: ¿por qué lo hizo? Deberían hacer controles psicológicos como a los Policías para evitar estos casos».

EL PERFIL DICHARACHERO DE LA DETENIDA

Auxiliar de enfermería desde hace más de una década, Beatriz López Doncel, de 37 años, era descrita en su entorno como muy dicharachera. Nadie había notado nada extraño en ella en los últimos tiempos.

«Estaba igual que siempre y le encantaba cambiar de look», explicaban en el barrio de la Estación de Alcalá. Ahí tenía un piso en el que vivió con su pareja y padre de su única hija hasta que se separaron hace unos dos años.

Entonces se fue a vivir con sus padres para que cuidaran de la niña mientras ella a trabajaba.

«Se dedicaba a limpiar el portal y seguía viniendo todas las semanas, momento en que aprovechaba para darle una vuelta a la casa».

«No puede ser ella la que ha asesinado supuestamente a una anciana; será un error; es encantadora y muy amante de su trabajo».

Aficionada a la música, siempre estaba con los cascos.

«Yo no me lo puedo creer, es imposible».