Salud
Emiliano Bruner durante su conferencia en el Instituto Cajal-CSIC ABC

Hace ya diez años que Emiliano Bruner, entonces en la Universidad La Sapienza de Roma, publicaba los primeros análisis geométricos de la forma cerebral en el género Homo, evidenciando que la característica principal de nuestro cerebro es la ampliación de esas áreas parietales. Después se descubrió que esta geometría cerebral se alcanza pronto después del parto, en un estadio de desarrollo que está ausente tanto en chimpancés y en los Neandertales.

-¿Dónde reside la principal diferencia con nuestros parientes más próximos?

-La principal diferencia con otros primates reside en una zona de las áreas parietales conocida como precúneo, que presenta niveles metabólicos particularmente elevados. Este área es también la que presenta problemas metabólicos en fases tempranas de la enfermedad de Alzheimer, sugiriendo que el agrandamiento de estas zonas confiere vulnerabilidad a la neurodegeneración.

-¿El alzhéimer es el precio que pagamos por nuestra evolución?

-El precuneo tiene valores de gasto metabólicos más elevados de lo que le corresponde por sus dimensiones y también valores térmicos más altos también. Además está situado en el centro geográfico del cerebro. Esto es interesante cuando se descubre que el alzhéimer, una patología única de nuestra especie, empieza justamente con problemas metabólicos en estas áreas parietales mediales profundas. Y una de sus marcas de esta patología es la fosforilación de la proteína tau, que ocurre en mamíferos que hibernan en respuesta a cambios de temperatura. Lo que decimos literalmente es que una patología frecuente y característica de los humanos está asociada a áreas cerebrales que tienen una morfología específica de los humanos. Y nos preguntamos si el aumento de la complejidad parietal ha supuesto un aumento de la complejidad biológica (energética, vasos sanguíneos, vínculos, límites estructurales y funcionales de esta estructura) que secundariamente haya conllevado aumento de la carga metabólica, del estrés oxidativo y problemas en la gestión de los recursos celulares generando una sensibilidad al alzhéimer.

Fuente original: Pilar Quijada, ABC/Leer más