Salud
Alimentación YT/Imagen ilustrativa

Comer de una determinada manera puede aumentar o disminuir el riesgo de desarrollar un cáncer en el futuro. No podemos cambiar nuestra genética, pero sí poner nuestro granito de arena en la forma en la que se expresa. «Se sabe que uno de cada tres cánceres está relacionado con una alimentación inadecuada y lo que más peso tiene es la obesidad, que se asocia claramente con la aparición del cáncer», explica la doctora Paula J. Fonseca, oncóloga del Hospital Central de Asturias y autora del libro «Comer para vencer el cáncer».

La experta señala que la mejor demostración de la relación entre dieta y tumores es la evolución del cáncer de estómago. «Desde que se introdujeron los frigoríficos se ha reducido significativamente su incidencia porque ha disminuido la ingesta de ahumados y salazón y se consumen más alimentos frescos», asegura. Sin embargo al de colón le ha pasado lo contrario -apunta- de poco frecuente a ser el primero «por la ingesta de menos fibra, más alimentos procesados y el sedentarismo». Pero no solo los tumores de estómago y colon se relacionan con la dieta. También el de páncreas, mama, útero y próstata. Estos tres últimos son hormonodependientes. «Las personas con obesidad producen más hormonas que pueden favorecer el cáncer», explica la doctora Fonseca.

En 2014, el estudio español EpiGEICAM, publicado en la revista «British Journal of Cancer», concluyó que el consumo de alimentos de la «dieta mediterránea», enriquecida con aceite de oliva, puede reducir el riesgo de cáncer de mama hasta en un 30%, frente a una dieta baja en grasas, que no influyó en ningún sentido; y otra de estilo occidental (alto consumo de productos grasos, carne procesada, dulces, bebidas calóricas y bajo consumo de cereales) que resultó ser la más perjudicial para desarrollar este tipo de tumor.

Fuente original: Cristina Garrido, ABC/Leer más