Salud
Ejercicio físico, gimnasio, dieta, forma. EP

Sí, entrenamos mal. Pensamos que por fatigarnos más nuestro ejercicio va a ser más eficaz, pero precisamente sucede todo lo contrario. "Lo ideal es llegar a un nivel de fatiga, pero no llevado al extremo", añade De Teresa. Vamos, que no por entrenar más vas a estar mejor, sino más bien peor.

Otro error frecuente: empeñarnos en poner mucho peso en las clases de pesas o en las máquinas en vez de fijarnos en ejecutar correctamente la técnica. "Lo ideal es empezar sin peso para realizar bien el entrenamiento y, una vez aprendido, aumentar de peso de forma progresiva", aconseja este experto, según recoge elconfidencial.

Las zonas más afectadas

Con este entrenamiento erróneo, irremediablemente maltratamos nuestro cuerpo, sobre todo algunas zonas. Estas son las más afectadas:

•​ Hombro: se produce muy frecuentemente en los ejercicios con pesas en los que se moviliza esta parte del cuerpo pero sin hacerlos bien. Nos duele y da lugar a una tendinitis (especialmente de bíceps braquial y del supraespinoso). Para evitar esa lesión, "lo más importante es ejecutar bien la técnica y no excederse con el peso. En las máquinas, hacer los movimientos muy despacio y sabiendo los músculos que queremos ejercitar para no cargar esta zona", afirma De Teresa.

•​ Cuello: se siente dolor en esta zona y en la parte superior de los hombros. Suele aparecer cuando nos ejercitamos en las máquinas de estimulación muscular, al practicar running, abdominales o en spinning (al apoyar demasiado los brazos, la posición del cuello no es la más adecuada). Además de dolor, "también puedes sentir desequilibrio, náuseas o mareos, ya que la tensión en esta zona dificulta la llegada de sangre al cerebelo", señala el experto en medicina deportiva.

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•​ Zona lumbar: es la que da más guerra (seguro que los ha comprobado por ti mismo). Y es así porque al entrenar activamos más esta zona que otras, como la abdominal o la glútea. El resultado: se presenta el maldito lumbago. Para prevenir debemos "coordinar bien el movimiento de toda la musculatura pélvica y a la vez desarrollar más la musculatura glútea y abdominal", subraya De Teresa, quien aconseja practicar natación algún día a la semana para aligerar tensiones en los hombros y la espalda (nadando con buena técnica, claro), así como ejercicio para fortalecer el core, que abarca la zona abdominal y la lumbar.