Salud
Diferentes tipos de pescado. EP

El pescado se incluye casi siempre entre los alimentos indispensables en nuestra dieta.

De hecho, se considera en la mayoría de los casos mejor que la carne por los aportes nutricionales positivos que hace a nuestra salud.

Pero, como casi todo, hay muchas contras en el consumo de pescado que también deberías conocer, ya que no es oro todo lo que reluce.

El pescado puede ocasionarnos ciertos inconvenientes, sobre todo por la contaminación de las zonas en las que se capturan algunas especies, así como por aquellos que provienen de viveros y piscifactorías.

Lo mejor es siempre adaptarse al mercado local, y comprar solo aquellos productos frescos que han sido pescados de la manera tradicional, ya que se apuesta por la economía del lugar y al tiempo se consigue reducir las desventajas del consumo de pescado para nuestra salud.

1. No comprarlo de calidad y no saber conservarlo

A la hora de comprar el pescado debemos ir con cuidado. Es muy importante que sea fresco. Si no tenemos la suerte de tener un pescadero de confianza, siempre podemos hacernos cargo de la situación, analizando el producto. Consejo de abuela: si no huele a mar es que no es del día, según recoge La Vanguardia.

Por otra parte, si conseguimos nuestro pescado fresco, tenemos varias opciones. La primera es consumirlo el mismo día que se ha comprado. La segunda, guardarlo en la parte más fría de la nevera. También se puede congelar, pero para eso el congelador debe ser óptimo y antes debemos eviscerarlo.

2. Descongelarlo mal

Si finalmente decidimos congelarlo, debemos tener en cuenta que el proceso de descongelación es peligroso por las bacterias que se pueden formar. La mejor forma de evitar que esto suceda es dejar el pescado en el frigorífico durante unas cuatro o cinco horas. Si no se tiene tiempo, tendremos suficiente con meterlo en una bolsa de plástico hermética y sumergirlo en agua muy fría durante una media hora.

3. Quitarle la piel

Hemos hablado de limpiar el pescado antes de congelarlo, pero eso no significa que debamos retirarle la piel. Aunque no nos guste, debemos dejarla, incluso cuando vamos a cocinarlo, sobre todo, en el caso del salmón.

Esto se debe a una razón: la piel ayuda a retener los jugos del pescado e intensifica su sabor. Además, queda crujiente y aporta otra textura al plato, aunque esto último depende del gusto de cada uno.

4. No todos los pescados son iguales

Cada tipo de pez tiene su peculiar manera de prepararse en la cocina. Lo mismo ocurre con las elaboraciones, que necesitan una especie concreta para que queden mucho mejor. Por ejemplo, si vamos a rebozarlo, que la fritura sea perfecta dependerá del pescado que elijamos.

Normalmente, los pescados que más se utilizan para rebozar son el bacalao, la merluza, el abadejo y el rape. Se secan los trozos con papel absorbente (muy importante), se enharinan y se pasan por la mezcla de rebozado. Para hornear o guisar, el tipo de pescado que compremos también es muy importante.

5. No poner la plancha o sartén a la temperatura idónea

Cuando ponemos el pescado (frío) en la superficie que sea, al entrar en contacto con el calor, sus proteínas tienen una reacción química que hace que la carne se vuelva más consistente. En este contacto, el pescado queda pegado.

Para evitarlo es recomendable bajar a medio fuego durante unos cinco minutos después de haber calentado el recipiente y luego incorporar el pescado. También puede conseguirse poniendo una capa de sal gruesa en la sartén y colocándolo encima.

VÍDEO DESTACADO: Con el aumento de las temperaturas en el planeta, no es buena idea comer mucho pescado