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Cuando el coronel Drake extrajo los primeros petróleos allá por el mes de agosto de 1859, en un condado de Pensilvania, se obtuvo un elemento que, aunque se conocía desde la antigüedad cuando emergía espontáneamente de las rocas (de ahí su nombre: petro - piedra, oleo - aceite), a partir de entonces se extrajo en grandes cantidades, destinado principalmente como lubricante. La refinación de este producto produjo varios componentes, entre ellos la gasolina que no tuvo una aplicación especial hasta que un ingeniero alemán llamado Gottlieb Daimler, aplicó en el año 1886, un rudimentario motor a un carruaje de caballos. Este fue el primer vehículo automóvil dotado de un motor que consumía gasolina.

Así comenzó todo, y luego que el automóvil se volvió un objeto de deseo, durante estos 128 años transcurridos, alrededor de la obtención del petróleo han surgido grandes intereses y los países que lo poseían se han enriquecido vendiéndoselo a los que carecían de él y, mientras, en todo el mundo se echaban a la atmósfera millones de toneladas de CO2 y otros gases contaminantes producidos por cientos de millones de vehículos y, a finales del Siglo XX, se hizo patente que el petróleo se terminaba, por ello, la única alternativa posible eran los vehículos eléctricos. Pronto la ciencia consiguió desarrollar baterías eficientes que contuvieran la energía necesaria para que los vehículos pudieran circular. Además, la contaminación atmosférica por la emisión de gases de efecto invernadero, hizo necesario a los países propiciar la implantación de coches que no emitieran gases contaminantes. Por ello, el uso de coches movidos por derivados del petróleo tienen sus días contados. Los países de la Unión Europea están dando fechas para parar definitivamente la fabricación de estos vehículos altamente contaminantes y, todos los fabricantes ya tienen diseñados algunos vehículos que funcionen con electricidad. No cabe duda que los vehículos eléctricos son el futuro, pueden funcionar con esa energía proveniente de energías renovables, pero sus baterías necesitan para acumular electricidad, el litio.

Este es el gran imponderable porque, todas las baterías que mueven a los nuevos automóviles están compuestas por ese material fundamental, un elemento químico de número atómico 3. Llevamos tiempo conviviendo con este tipo de baterías que hacen funcionar nuestros Smartphones, tabletas y ordenadores portátiles, pero la creencia compartida por todos los científicos es que será imposible cambiar toda la flota automovilista del mundo por vehículos que se muevan con electricidad ya que, su proliferación generaría problemas ambientales, sociales y de salubridad, porque la extracción de los productos para la fabricación de baterías, litio, grafito y cobalto, son altamente contaminantes, aparte de escasos. No obstante, todavía la flota de vehículos eléctricos no es significativa, pero el problema puede surgir en el futuro.

Una de las Compañías especializada en la compra de litio, determinó que la demanda global de este metal se incrementó un 26 % en el año 2016 y se prevé que aumente un 39 % en 2018, pero hay que tener en cuenta que el litio se utiliza para otras necesidades de la industria, por ello, la pregunta que todos nos hacemos es, ¿habrá litio suficiente para fabricar cientos de millones de baterías en el futuro?, o su falta hará inviable el vehículo eléctrico tal y como lo conocemos, el tiempo lo dirá.