Tecnología

Desde hace un par de años hemos venido siendo testigos del despliegue y auge de las aplicaciones móviles y la enorme variedad de servicios y sectores que se valen cada ve más de ellas para establecer una conexión directa con sus usuarios, conocer sus opiniones, mejorar sus experiencias de uso y prestarles un servicio tan portátil como sea posible. Aunque es ahora que se han popularizado, desde el inicio de la informática ha habido aplicaciones y se usa la abreviatura para hablar de las aplicaciones móviles.

Un teléfono inteligente actual puede hacer el trabajo de seis, siete u ocho aparatos distintos, y para hacerlo el dispositivo debe tener dos cosas: un hardware que le permita cumplir cualquier función (llamar, enviar un mensaje, leer un correo) y un software que le permita el uso de este hardware. Este último es el sistema operativo del móvil, que es el que funciona de puente entre el usuario y la parte electrónica del aparto. Bien, las aplicaciones son programas que permiten cumplir actividades concretas.

Justamente su popularidad reside en que las aplicaciones móviles dotan al teléfono inteligente de tantas capacidades específicas como es posible. Con la aplicación correcta puedes buscar donde aparcar en Madrid, París o Nueva York; encontrar tu coche cuando olvidaste dónde lo dejaste aparcado, pagar los servicios, reservar una habitación en Moscú, conocer personas nuevas, ordenar a domicilio cochinillo a medianoche y hasta fingir llamadas para escapar de situaciones incómodas. Las aplicaciones móviles abarcan un sinfín de posibilidades que cubren necesidades domésticas, ocio, interés personal y cualquier otra área de desarrollo humano. Es tanta la oferta de aplicaciones móviles que el principal problema para los desarrolladores y emprendedores que apuestan por ellas, es hacerlas rentables y monetizar la cantidad de usuarios que consigan atraer a sus filas.

Esta especie de ‘boom' que hemos estados viviendo desde hace un par de años, ha incrementado naturalmente a raíz de la popularidad de los dispositivos móviles y las tabletas. Aunque la mayoría de información importante sigue alojada en servidores fijos, ya existe una amplia variedad de aplicaciones para ordenadores. Spotify, Slack y Whastapp son tres ejemplo clarísimos de aplicaciones que se han vuelto populares en ordenadores por la rapidez con la que nos permiten manejarlas y porque nos evitan entrar directamente a la web que buscamos.

Por último es importante destacar que hay dos tipos de aplicaciones: aquellas que ya vienen instaladas por defecto en el dispositivo (aplicaciones integradas) y aquellas que compras y descargas en las diferentes tiendas que tiene cada sistema operativo, donde están expuestas y ordenadas por categorías para que encuentres las que más te convengan. De esta manera tu teléfono móvil es más que un teléfono móvil: es un centro de operaciones desde el cual puedes resolver muchas de tus tareas diarias con solo tener la aplicación correcta para cada una de ellas.