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Ser repartidor es un trabajo de riesgo. Aparte del estrés por llegar a las horas de entrega, y de las broncas de los clientes porque el paquete llegó más tarde de lo esperado, los repartidores deben sufrir a sus peores enemigos: los perros. La imagen del cartero perseguido por un "perrazo" forma parte del imaginario colectivo, todo lo contrario de lo que le ocurrió a un cachorro en la ciudad de Homestead, Florida. El repartidor de Amazon que protagonizó el suceso decidió vengarse por todos los mordiscos recibidos. Lo peor es la dejadez y alevosía de las que hace gala, según recoge Iván Linares en El Español.

La situación es la habitual en cualquier domicilio con jardín dominado por un perro. El repartidor se acerca a la verja, el perro ladra, el repartidor llama al timbre, el perro sigue ladrando, el repartidor deja el paquete dentro del domicilio finiquitando la entrega. Lo que no es habitual es que el repartidor arroje el paquete encima del perro sin ningún miramiento.