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El debate de la igualdad y la integración de hombres y mujeres en el sector tecnológico vuelve a dar dolores de cabeza a Google, tras la investigación abierta por el Departamento de Trabajo en EEUU, que constató una brecha salarial "sistémica y extrema" que perjudica a sus empleadas.

A este incidente que causó un gran revuelo el pasado mes de abril se suma ahora el estallido provocado por un documento interno de diez páginas, difundido por uno de sus ingenieros, y que se ha hecho viral en pocos días.

Bajo el título "La burbuja ideológica de Google", su autor carga contra la políticas de igualdad e integración en la compañía que benefician a mujeres y personas de raza no blanca, y argumenta los motivos por los que no se produce una representación igualitaria de las mujeres en los puestos de liderazgo -y que, a su juicio, nada tienen que ver con motivos sociales o culturales-.

Como exlica Patricia C. Serrano en 'El Economista' este 6 de agosto de 2017, en el texto, que ha recibido una avalancha de críticas, denuncia el sesgo ideológico a la izquierda dominante en Google, que ha tenido como consecuencia silenciar a todos aquellos que piensen de otro modo.

"Google ha creado una monocultura de lo políticamente correcto sobre la diversidad y la integración que mantiene su dominio arrinconando a sus detractores al silencio".

"La discriminación para lograr una representación igualitaria es injusta, divide y es perjudicial para los negocios". Así, este empleado argumenta que las diferencias entre hombres y mujeres son producto de la propia biología, y no tanto de la historia social y cultural de una comunidad, por lo que insta a superar la creencia de que "las diferencias de género implican sexismo".

Diferencias biológicas

El autor de este polémico texto desglosa las habilidades innatas y divergentes entre ambos géneros, y cómo estas llevan a cada grupo a interesarse más por un tipo de trabajo.

Según su argumento, ellas suelen mostrar mayor interés por "trabajar con personas y no con cosas", a diferencia de los hombres, más cómodos en puestos de alta sistematización.

Esto provoca que se alejen de actividades relacionadas con la programación, por ejemplo, que sí les atraen más a ellos.

Además, explica que las féminas se relacionan con el resto del grupo con mayor capacidad de crear acuerdos y cooperando con el equipo, y son menos asertivas que los hombres, lo que les provoca más problemas para mostrar sus habilidades de liderazgo o de pedir aumentos de sueldo, por ejemplo.

A esto añade que también ellas tienen una menor tolerancia al estrés y muestran mayores niveles de ansiedad en el entorno laboral, lo que causa que tiendan a alejarse de puestos de mayor responsabilidad donde, como consecuencia, estén sometidas a más presión.

El ingeniero expone que los hombres, al ser mayoritariamente juzgados por la sociedad por su estatus, se ven obligados a buscar posiciones mejor pagadas y menos satisfactorias, que implican largas y estresantes horas en la oficina "que no compensan si deseas una vida equilibrada y plena". Así justifica que sean los hombres los que, en el sector tecnológico, acaben dirigiéndose a lograr estos trabajos de liderazgo, que conllevan un elevado estatus social.

Sociedad de roles

El autor, que continúa defendiendo que el proceso de liberación de la mujer ha posibilitado que, en los últimos años, éstas puedan abandonar su rol tradicional para acometer actividades clásicas masculinas, denuncia que no se ha dado ese camino inverso en los hombres.

Es decir, ellos no han podido dejar atrás el papel que la sociedad les reclama y se sienten estancados en su rol masculino por obligación. "Si nosotros, como sociedad, permitiésemos a los hombres ser más 'femeninos', la brecha de género disminuiría, probablemente porque los hombres abandonarían las áreas tecnológicas y de liderazgo por roles tradicionalmente femeninos", pronostica.

Este empleado crítico enumera algunos de los programas de Google inscritos en sus políticas de igualdad e integración -destinados a facilitar la incorporación y el aprendizaje de mujeres y personas de otras razas- y denuncia que son inútiles ya que provocan un sesgo discriminatorio que no beneficia el funcionamiento óptimo de la compañía y cita casos concretos como el programa para fichar a mujeres programadoras.

A su vez, concluye su texto sugiriendo consejos que superen esta discriminación positiva, como tratar a las personas como individuos y no como miembros de un grupo determinado, "desmoralizar el concepto de diversidad", enfrentarse sin miedo a los propios sesgos ideológicos de la compañía y rechazar las iniciativas laborales centradas en discriminación por género y raza.

También pide que las posturas más conservadoras no sean arrinconadas en el seno del gigante tecnológico y que las ideas puedan ser confrontadas, también las de aquellos que piensan distinto.

Ante el 'incendio' creado por este análisis en el seno de la compañía, la propia vicepresidenta de Diversidad de Google se ha visto obligada a lanzar un mensaje de tranquilidad para calmar los ánimos.

Ha asegurado que el documento entraña "asunciones incorrectas sobre género" y que no representa el punto de vista de la compañía ni el suyo.