«El Concilio Vaticano I consiguió restituir por un solo voto, y tras largos debates, el alma en las mujeres»"Cabos sueltos" de Elplural.com, 29-12-2009
El veterano periodista Enric Sopena, que fue numerario del Opus Dei en su juventud, parece ignorar detalles básicos de la Historia de la Iglesia.
En su artículo del 29 de diciembre de 2009 titulado «L´Osservatore Romano -el diario que promovió Pío IX, azote del socialismo y el comunismo-, aliado de La Razón, próximo a Rajoy», el director del diario digital El Plural se limita a hacerse eco de un bulo muy antiguo y que circula con profusión por Internet.
«Pío IX aprobó la infalibilidad papal e impuso el dogma de la Inmaculada Concepción. Lo hizo durante el Concilio Vaticano I, versión supuestamente moderna del Concilio de Trento [1545-1563]...Por un voto, y tras largos debates, se consiguió restituir el alma a las mujeres».
Esta afirmación coincide con lo que se dice en foros y chats acerca de la Iglesia. En ellos no es raro encontrar internautas que aseguran que «la Iglesia casi decidió que las mujeres no tienen alma».
Algunos añaden «por un voto». O «por dos».
¿Y cuando decidió eso la Iglesia? «En el concilio de Nicea», dicen varios sin saber en qué documento o párrafo.
«En el año 585», dicen otros.
Los hay también, como Enric Sopena, copiando de lo último que pillan en Google, que lo datan en 1870, fecha en que concluyó el Concilio Vaticano I.
No obstante, en ningún momento la Iglesia Católica puso en duda que las mujeres tuvieran alma, ya que ello supondría rebajar por ejemplo a la Virgen María. Sopena acepta y difunde una antigua mentira refutada varias veces.
El jesuita Carlos Corral, experto en Teología, afirma que oficialmente la Iglesia Católica nunca ha dicho nada semejante.
Sí es cierto, no obstante, matiza éste religioso, que «en la Edad Media, Santo Tomás y otros, siguiendo las teorías del filósofo griego Aristóteles, argumentaban que había almas y sub-almas y que la entrada del alma en el cuerpo era a los 40 días después de la concepción de un varón y 90 para una mujer.
Sin embargo, esta tesis no ha sido recogida jamás en documento oficial alguno de la Iglesia.