«Algunos jueces no trabajan más de tres horas y cuarenta minutos»Mesa Redonda en la Fundación Ortega y Gasset, 19-01-2010
El Despacho Garrigues y la Fundación José Ortega y Gasset organizaban una Jornada sobre Modernización de la Justicia.
Entre los ponentes estaba Javier Gómez Bermúdez, presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Naciona. Se debatía sobre la modernización de la Justicia el juez no se anduvo con rodeos:
Subrayó que el proceso de reforma se debe "construir sobre un cimiento mínimo" que en la actualidad "no existe", porque los jueces no trabajan lo suficiente y porque se dedican a tareas que no son de su incumbencia:
"De las 24 horas y media semanales de trabajo estipuladas en el despacho, que supondrían seis horas diarias, algunos jueces acaban desempeñando como horas reales no más de tres horas y cuarenta minutos, ya que llegan media hora tarde, se van media hora antes y dedican dos horas a tomar café".
La tesis de Gómez Bermúdez, que sin duda respladan muchos de los que por una razón u otra tiene que lidiar con la Justicia española, es que el sistema no es eficiente porque no se trabaja.
El magistrado lamentó que en España "no hay un sólo funcionario sancionado", ya que "al quieto no se le sanciona jamás":
"El que no hace nada no corre peligro".
Defendió la necesidad de que se libere al juez de toda las actividades que no le corresponden y a las que se termina dedicando.
Para ello, consideró que sería importante que el secretario judicial asumiera el mando de la Nueva Oficina Judicial y el juez acabe saliendo de la "batalla del proceso".
En su opinión, un sistema en el que "todo se sustente en el juez" será siempre "ineficiente por definición".
El juez, dijo, debe ser un mero "árbitro", que resuelva los asuntos después de que hayan sido ya "cocinados" y sin entrar en el proceso "ni para bien ni para mal".
Como era esperable, a los pocos días, un sector del Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional pedía explicaciones a Gómez Bermúdez. Lo que no hacían, porque no tienen argumentos para hacerlo, es rebatir sus argumentos o acusarlo de mentir.