«Los demócratas no tuvimos otra elección que ser generosos [en la Transición española], pues los puntos de mira de los fusiles de los generales apuntaban directamente a nuestras cabezas»Blog "Fuego Amigo" en Elplural.com, 11-02-2010
La delicada situación del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, a quien el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela está a punto de sentar en el banquillo por prevaricación y cohecho, ha multiplicado las muestras de apoyo y solidaridad hacia el magistrado por parte políticos, juristas, intelectuales y periodistas de izquierdas.
Manuel Saco -como antes Maruja Torres o los editorialistas de El País- no podía perderse una ocasión así y en el blog que mantiene en el diario Público entra al trapo con un post titulado: "Yo lo entiendo, pero ésta no".
Y arranca su pieza con una burda reinterpretación de la Historia reciente de España:
«Los demócratas no tuvimos otra elección que ser generosos, pues los puntos de mira de los fusiles de los generales apuntaban directamente a nuestras cabezas».
Manuel Saco, que tiene edad para acordarse, echa al olvido cómo sucedieron las cosas, quiénes elaboraron la Constitución y qué espíritu animó a sus protagonistas: Suarez, Fraga, Carrillo...
Décadas después de la Transición todavía hay quienes creen, y quienes quieren hacer creer como Manuel Saco, que hablar o escribir sobre la Guerra Civil y el franquismo era tabú, que la gente vivía en el miedo a las represalias, que las víctimas "republicanas" de la contienda carecían de derechos y que los familiares tenían prohibido buscar los restos de los desaparecidos hasta que llegó Zapatero.
Y, claro, hasta la entrada en escena de Garzón, el héroe que iba a castigar a los culpables con un retraso tan considerable como sospechoso, el único que no se arredraba ante el oscuro y enorme poder de los fascistas que pueblan, más o menos disfrazados, las tierras e instituciones de España.
Lo importante no es quién haya interpuesto la querella contra Garzón, sino el hecho de que haya sido admitida. Al juez no se le juzga por tratar de investigar los "crímenes del franquismo", sino por supuesta prevaricación.
Con tanta la mala suerte para él y sus fans, que el asunto cayó en manos de Luciano Varela, un magistrado que no parece, a pesar de su vocación «progresista», dejarse impresionar excesivamente por las Causas Generales.
El juez Varela concluye en un escrito de 55 folios, con argumentos contundentes y después de seis meses de investigación, que:
«Es un hecho probable» que Garzón actuó con «la finalidad de eludir la decisión del legislador sobre el régimen de localización y exhumación de víctimas de los horrendos crímenes del franquismo [...] sabiendo que éstos habían sido objeto de amnistía por las Cortes democráticas».
Varela explica que «ignorar u orillar conscientemente» esta voluntad de las Cortes «puede constituir un delito de prevaricación».
En cuanto al leit motiv de la defensa de Garzón, que es el altruismo de su actuación en defensa de las víctimas del franquismo, el juez aclara que el altruismo «no exime, ni atenúa la eventual responsabilidad penal».
El instructor analiza con detalle las resoluciones dictadas por Garzón y concluye que son objetivamente contrarias al Derecho.
A juicio de Varela, Garzón manipuló el procedimiento penal con el fin de:
«Hacer inefectiva la voluntad que la sociedad democrática y los poderes establecidos habían expresado en la Ley de Amnistía».
A Varela le atribuyen cercanía personal e ideológica con Belloch, Margarita Robles y tal, que no son, estrictamente, amigos del alma del Juez Cazador, y han querido ver en la severidad del instructor un aire de ajuste de cuentas entre togas.
No parece muy sólido el argumento, pero es cierto que Varela, hasta el momento, no se está dejando impresionar por los «abajofirmantes» que piden una beatificación judicial para Baltasar Garzón, incluidos los jueces internacionales a los que ha acudido su defensa en una, parece, poco inteligente estrategia.
Por lo demás, el caso que concurre junto al de esta Causa General, el archivo de una querella contra Emilio Botín, está tocado por la falta de finura.
Nadie dice que no tuviera razón jurídica nuestro hombre como para archivar una querella contra nuestro banquero favorito, se dice, tan sólo, que no debía haber tomado esa decisión quien obtuvo meses antes una ayuda educativa del banco del querellado de equis miles de dólares para unos estudios en Norteamérica que a buen seguro fueron del todo provechosos.
Por menos de ello, a cualquier otro juez sin clá, ni amiguitos en los medios cautivados por la posibilidad de desenterrar a Franco, le hubiera caído un paquete de consideración sin que protestase nadie.
Al ser Garzón, la cosa cambia.