«Este Gobierno tiene fijas determinadas obsesiones, la primera es el decretazo de Aznar, la segunda es la huelga general de Felipe González y esas dos cuestiones operan de manera paralizadora»"Hora 25" de la Cadena SER, 24-02-2010
El documento prometido por Zapatero, que iban a recibir todos los grupos antes de reunirse para empezar a negociar un pacto anticrisis, acabó llegando a sus destinatarios al filo de los ocho y media de la tarde. A sólo 12 horas del comienzo de la discusión.
Llevaba como título «Diálogo político para la recuperación del crecimiento económico y la creación del empleo» y para decepción de sus destinatarios, eran sólo tres folios llenos de generalidades, donde ni se aludía al mercado laboral.
Era lógico que la tertulia de Hora 25, iniciada con el documento aun caliente, arrancara con eso.
Carlos Carnicero dijo que el Gobierno debería concretar, porque tiene a su favor un clima social favorable al acuerdo.
Cristina de la Hoz contó que muchos periodistas habían llegado a pensar que sólo les había llegado el principio del documento, porque los tres folios equivalían a "la nada" y daban la impresión de que haber sido rellenados a toda prisa, aquella misma tarde.
Rosario Valpuesta, que se parte el pecho por el PSOE, hizo una defensa encarnizada de los políticos, frente a las exigencias de los técnicos. Según ella, que el documento fuera un mero índice era positivo porque servía para abrir el debate.
Miguel Ángel Aguilar optó por lo descriptivo:
«Este Gobierno tiene fijas determinadas obsesiones, la primera es el decretazo de Aznar, la segunda es la huelga general de Felipe González y esas dos cuestiones operan de manera paralizadora»
Tienen razón Aguilar. Zapatero, que criticó tanto el decretazo que intentó Aznar en 2002 para reformar el mercado laboral, no quiere que ser acusado de lo mismo que utilizó contra su predecesor.
Tampoco se ve en condiciones de superar un trance como el que atravesó Felipe González en su pugna con Nicolás Redondo y los sindicatos.
El 23 de febrero de 2010, en su rueda de prensa junto a Durão Barroso, el presidente Zapatero garantizó que escuchará a los sindicatos y que llegará a un acuerdo con ellos, porque el suyo "no es un Gobierno, ni lo va a ser, de decretazos".
Por lo que se refiere a la huelga general, es evidente que da pavor al Gobierno y prueba de ello es la velocidad a la que retiró la propuesta de alargar la edad de jubilación y como ha dado marcha atrás en la idea de recortar un poco los sueldos a los funcionarios.
Los sindicatos saben que si Zapatero pierde la carta de la paz social está amortizado. Y él, que no es Felipe González ni tiene el carisma para echar un pulso a UGT y CCOO, también lo sabe. Eso ayuda a entender su parálisis.