Mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, mereciendo respeto por elloDesayuno de Oración en Washington, 04-02-2010
El presidente Zapatero se ha postulado siempre como un firme defensor de los Derechos Humanos, la libertad y la tolerancia.
Desde luego, se trata de valores propios de sociedades democráticas y, por tanto, cualquier ciudadano puede sentirse identificado y respaldar las afirmaciones del presidente. El problema es que no es lo mismo predicar que dar trigo o dicho de otra manera, la dificultad estriba en pasar de la poesía a las matemáticas.
La última aparición relevante de Zapatero fue el pasado 4 de febrero de 2010 en el Desayuno de la Oración de EEUU, un acto religioso y de calado conservador.
En su discurso, el presidente aludió a la libertad como el principal derecho que debe acompañar a cada persona:
"Hoy mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello".
Además, se refirió a la tolerancia como un valor "mucho más -elevado- que la aceptación del otro".
Y sentenció:
"El odio nace de la ignorancia y la concordia se construye sobre el conocimiento. También la paz".
Al margen de las palabras, son los hechos los que deben acompañar a las buenas intenciones. Y, en este punto, el Gobierno juega en no pocas ocasiones con la ambigüedad y el silencio.
Es claro el ejemplo de las declaraciones del presidente tras la muerte del opositor cubano, Orlando Zapata, tras 85 días en huelga de hambre en una cárcel del país.
Zapatero se limitó a lamentar "profundamente" la desaparición de Zapata e instó a "exigir al régimen cubano que devuelva la libertad a los presos de conciencia y que respete los derechos humanos".
Sin embargo, en ningún momento aludió a una condena expresa de la represión que sufren los opositores al régimen de Castro.
Del mismo modo, pasó de puntillas sobre el asunto en su discurso ante el IV Congreso para la Abolición del Pena de Muerte, en la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones de la ONU.
Sólo al final de su intervención, Zapatero hizo una alusión muy superficial sobre el asunto:
"Nuestro éxito será el éxito de los derechos humanos y el éxito de los Estados que respeten hasta el último instante la vida de todos y cada uno de sus ciudadanos. Nadie tiene derecho a arrebatar la vida de otro ser humano".
Pero no pronunció el nombre de Cuba.