José María Aznar, Presidente del Gobierno de España entre 1996 y 2004

Dudoso

«Con descarados [que te llaman cabrón y asesino], la respuesta debe ser descarada [hacerles una peineta con el dedo]» Diario "Il Giornale", 09-03-2010

José María Aznar

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Le hacen una entrevista a José María Aznar en el diario milanés «Il Giornale» y es inevitable que le pregunten por la peineta que dedicó el 18 de febrero de 2010 a los estudiantes que le gritaban "asesino", "fascista" y otras lindezas en la Universidad de Oviedo.

Transcurridas tres semanas del incidente y a pesar de los ríos de tinta corridos y la controversia desatada, el ex presidente popular afirma no arrepentirse del gesto:

«No, para nada. Me río de ellos, con las personas descaradas la respuesta debe de ser descarada».

Es una forma de ver las cosas. Cierto es que siempre hay que responder al saludo y en el tono y la forma en que se recibe, pero no todo el mundo ha sido presidente del Gobierno de España.

Como escribió Ignacio Camacho con mucha retranca, abundan quienes creen que Aznar tenía que haberse hincado de rodillas y haber aceptado con humildad los improperios.

O agachar la cabeza, pedir perdón por sus muchos pecados y admitir sus nefastas responsabilidades. Incluso los hay, como Enric Sopena, convencidos de que debía haberse sentido conmovido al oírse llamar «nazi», «terrorista» y «cabrón».

Pero en vez de eso, va el tío y se les ríe en la cara a los jóvenes progresistas que con tan gran delicadeza le formulaban reproches políticos, y en el colmo de la descortesía y la zafiedad los manda a tomar por retambufa con el dedo.

Tenía otra opción frente a los descarados: haber pasado olímpicamente de ellos. Hubiera quedado mejor.