María Teresa Fernández de la Vega, Vicepresidenta del Gobierno

Dudoso

«No se ha pagado rescate; la liberación [de la cooperante Alicia Gámez] es el resultado del trabajo que han venido realizando servicios diplomáticos y de inteligencia [...] No ha habido otro tipo de contraprestación»Rueda de prensa en el Palacio de La Moncloa, 10-03-2010

María Teresa Fernández de la Vega

Credibilidad2,6

Galería de Imágenes

Acongojada por su galopante pérdida de imagen, María Teresa Fernández de la Vega no ha dejado pasar la ocasión de intentar apuntarse un tanto cuando su nombre aparece entre los posibles cesantes en una próxima remodelación de gobierno.

De la Vega, que no sólo coordina un Gobierno disperso, sino que actúa de portavoz en medio de las cacofonías, maniobró a toda prisa para presentar como un éxito la liberación de la cooperante Alicia Gámez, secuestrada en Mauritania el 29 de noviembre de 2009. Tras 101 días de cautiverio, cuando Gámez volaba ya hacia Barcelona, la vicepresidenta intentó ponerse la medalla.

La oportunidad le llega en un momento en que el propio presidente ha reconocido la incompetencia de su política de comunicación fichando, sin el concurso de la vicepresidenta, a un periodista bregado y de izquierdas como nuevo responsable.

Pero no le han salido muy bien las cosas. Cuando se las prometía tan felices, durante la rueda de prensa convocada en La Moncloa, los periodistas le hicieron con insistencia la pregunta del millón y la vicepresidenta estuvo a punto de atragantarse:

«No se ha pagado rescate; la liberación es el resultado del trabajo que han venido realizando servicios diplomáticos y de inteligencia y cooperación con otros países... No ha habido otro tipo de contraprestación».

Cuesta creerla y no sólo por la forma en que tragó saliva, su visible vacilación y el tono desmayado de su negativa. Suena raro hasta eso de "otro tipo de contraprestación".

De la Vega, que no quiso decir ni siquiera el país en que ha sido liberada Gámez. El Gobierno Zapatero niega haber pagado. Muchos lo dudan e insisten en que de otra manera no habría liberación, pues la industria de los secuestros da de comer a muchos en el Sahel. Y no sólo a los terroristas de Al Qaeda.

Hay que ser muy ingenuos para tragarse la tesis de que la liberación de la cooperante catalana es un gesto de buena voluntad o se debe q a que los salafistas se sentían incómodos por la presencia de una mujer entre ellos.

A esos camelleros, tan crueles como fanáticos, les importan un comino la condición femenina, la vida ajena y el dolor del prójimo.

En un manual para secuestradores, encontrado en la guarida donde capturaron en Mauritania al islamista Jahen Olsaman, asesino de un matrimonio de turistas franceses y de sus dos hijos pequeños, se explica que si hay una occidental entre los rehenes se la puede tomar como esposa.

También matarla, como a los varones. De no degollar a los cautivos, se recomienda negociar un rescate o cambiarlos por compinches presos.

Han liberado a Alicia Gámez como «señal» en el trato, porque atrás quedan Roque Pascual y Albert Vilalta y los terroristas han apalabrado ya una buena tajada por esos dos. Cobrar, ya han cobrado algo y van a cobrar mucho más. En dinero, en carne o en ambas cosas.