Carlos Herrera, Periodista

A medias

«Manuel Chaves pierde traumáticamente el control del partido [en Andalucía]; Chaves y Griñán han dejado de ser buenos amigos y no sé si incluso han dejado de hablarse»"Herrera en la Onda" de Onda Cero, 12-03-2010

Carlos Herrera

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Tiene Carlos Herrera un registro catalán, pero lo que de verdad le tira es Andalucia y en concreto esa Sevilla de sus amores, desde la que hace su programa radiofónico casi todos los días.

Y no podía dejar pasar sin hincarle el diente el Congreso Extraordinario del PSOE-A, que se iniciaba esa misma mañana e  iba a suponer el fin de la bicefalia y la sustitución de Manuel Chaves por José Antonio Griñán en la Secretaría General del PSOE en esa región.

No se anduvo Herrera con paños calientes a la hora de hacer un diagnóstico:

«Manuel Chaves pierde traumáticamente el control del partido; Chaves y Griñán han dejado de ser buenos amigos y no sé si incluso han dejado de hablarse».

Griñán fue elegido ese mismo día secretario general del PSOE-A a la búlgara, con el apoyo del 99,8% de los 514 delegados.

Sustituyó a Chaves, que había ostentado este cargo durante 16 años y que apenas un año antes, presionado por Zapatero, dejó la presidencia de la Junta de Andalucía para irse a Madrid como vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial del Gobierno central.

Sobre el papel, todos tan contentos, pero tras bambalinas han volado los cuchillos, porque Chaves pierde casi todos sus resortes, se queda sin una base territorial en la que apoyarse y cada día cuenta menos en Madrid y en Sevilla.

Y el acuerdo, según explicó Herrera, no era ese. Se suponía que iba a conservar el control sobre el PSOE andaluz y ahora debe de sentirse engañado.

Como ratificó en la tertulia Anabel Díez, periodista de El País y con fuentes privilegiadas en el PSOE, la jugada ha sido maquiávélica y tiene como claro perdedor a Manuel Chaves:

«Ha ocurrido lo de siempre; una amistad estrechísima se ha roto, el hijo quiere matar al padre».

Un hijo mayorcito, porque Griñan pasa ya de los 63 años. Un hijo que, además, parece haber dejado de ser buen amigo de su padre. De lo que no hay pruebas, todavía, es que ni siquiera le dirija la palabra.