Lucía Méndez, Periodista

Verdad

«Él [Felipe González] no ha sido ajeno a que la Justicia esté “hecha unos zorros”»Artículo en el diario "El Mundo", 16-03-2010

Lucía Méndez

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Escribía Lucía Méndez, una vez más, sobre Baltasar Garzón, que es la versión judicial del río Guadiana y aparece y desaparece, pero siempre está ahí y desde hace muchos años.

Mantiene la periodista zamorana, antiguo miembro del equipo de prensa de Aznar, que la peripecia del magistrado está sirviendo para desprestigiar aún más el funcionamiento de la Justicia española.

Una Justicia, que en palabras de Felipe González, «está hecha unos zorros».

Fue el 13 de marzo de 2010, con motivo del Congreso de la renovación del PSOE andaluz.

Allí, en Sevilla, con criterios parecidos a los que aplica el Partido Comunista Chino, los socialistas andaluces sustituyeron a los viejos dirigentes por savia nueva: el maduro y experimentado Manolo Chaves, 65 años, cedió el poder al joven José Antonio Griñán, de 64.

Felipe González, el viejo zorro, acudió a celebrar la maniobra de renovación y arremetió, ayudado por Cñandio Méndez y María Antonia Iglesias, contra lo que le vino en gana:

"Necesitamos la reforma de la Justicia, que está hecha unos zorros, y no sólo por la falta de medios, sino por ˝el ganao˝ que tenemos al frente".

Nadie sabía valorar si la reflexión iba dirigida al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Supremo, a ambos, o a la actual situación de Baltasar Garzón.

En el supuesto de que se refiriese al superjuez, haría falta saber a quién se refirió con 'el ganao', si al Tribunal Supremo, el procesador, o al procesando, aquel brillante fichaje que, vuelto a la judicatura tras el desamor, le puso como incógnita en la pirámide del GAL.

Porque como subraya atinadamente Lucía Méndez, el ex presidente González debería haber aprovechado para hacer acto de contricción:

«Él no ha sido ajeno a que la Justicia esté "hecha unos zorros". Entre otros detalles, fue quien fichó a Garzón para que el entonces justiciero y luego villano le ayudara a ganar las elecciones del 93».

Y eso fue sólo la guinda en el maloliente pastel, porque durante sus mandatos se tomaran la serie de decisiones sobre la Administración de Justicia que más han contribuido a su politización.

Fue él, con Alfonso Guerra y Fernando Ledesma como brazos ejecutores, los que convirtieron el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en un Parlamento bis.