«Entre Suárez y González hubo química y admiración recíproca, una relación que constituye la excepción a la regla»Blog "En Tierra de Nadie" en el diario "Público", 24-03-2010
En los últimos tiempos, dos ex presidentes del Gobierno, Felipe González y José María Aznar, han sido protagonistas por declaraciones de diferente signo, aunque críticas con Zapatero en ambos dos casos.
Antes de apuntar la conveniencia de definir un papel para los ex presidentes, porque no es muy edificante verlos recorrer el mundo como vulgares conseguidores, estén o no en la nómina de algún magnate, lo que es evidente es que no hay química entre ellos.
Tampoco entre un presidente en el cargo y su antecesor en La Moncloa. Salvo en un caso, según Escudier:
«Entre Suárez y González hubo química y admiración recíproca, una relación que constituye la excepción a la regla».
El comentarista del periódico de Jaume Roures no ha estado atinado. Se ha dejado llevar por esa corriente pastelera que pinta la Transición como una historia celestial y que orilla todos los aspectos negativos, sobre todo de los partidos de la izquierda.
Pues bien, no ha habido en España una oposición más cruel que la del PSOE de Felipe González contra el presidente Suárez.
Esa agresividad alcanzó niveles estratosféricos tras las elecciones de 1979. González esperaba ganar y no le ha perdonado en su interior nunca a Suarez esa última intervención televisiva que fue decisiva, en la que recurrió al voto del miedo.
Tampoco se lo puso tan fácil al abulense en los primeros momentos de la Transición. Fue mucho más comprensivo Carrillo que el propio Felipe.
En la última legislatura de Suárez en La Moncloa, los chicos de Felipe, con Guerra como brazo ejecutor, le dijeron a Suárez de todo -recuerden el «tahúr del Mississippi»-; o incluso «compraron» a ministros de UCD, con promesas de futuros cargos, para enterarse de lo que se cocía en los consejos de los viernes.
En contra de lo que dice Escudier alegremente, Suárez y González se llevaron fatal y sólo cuando el primeroe staba ya totalmente fuera de juego y enfermo, desapareció la acrimonia.