«Tras su regreso al Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional, el juez (Baltasar Garzón) reabrió el caso Gal y metió en la cárcel a los ‘hermanos Amedo’»«La luz crepuescular», Editorial Alfaguara. Madrid 2010. Página 469, 28-05-2010
El ex presidente de la Comunidad de Madrid acaba de publicar una excelente novela, en la que la ficción -poca- se mezcla con la realidad. La vida profesional y la «pública» del protagonista, Ángel Egusquiza, son un trasunto de las del autor que tiene un alto carácter de memorias. Así lo manifiesta el propio Leguina al comienzo del libro.
Leguina aborda en un momento dado el terremoto judicial y político que supuso para España la vuelta de Grazón al Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional después de haber sido diputado del PSOE. Felipe González, con la ayuda de José Bono, convencieron al ya juez estrella para que figurara en el segundo puesto de la lista socialista por Madrid.
Todo el mundo pensaba que el presidente del Gobierno le había prometido un Ministerio si el PSOE conseguía ganar como así fue. Pero no. Optó por la continuidad de José Luis Corcuera y, después de que este dimitiera, eligió a Antoni Asunción. Garzón se tuvo que conformar con la Secretaría de Estado contra la Droga.
Hasta que llegó a Interior Juan Alberto Belloch, convertido en un todopoderoso biministro. Garzón se marchó y armó la marimorena. Pero Leguina se equivoca al narrar los acontecimientos que desembocaron en la condena de José Barrionuevo y Rafael Vera.
«Tras su regreso al Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional, el juez (Baltasar Garzón) reabrió el caso Gal y metió en la cárcel a los ‘hermanos Amedo'».
Los «hermanos Amedo», es decir el comisario José Amedo y el subinspector Michel Domínguez, ya estaban en la cárcel desde julio de 1988. Incluso habían sido condenados a 108 años de prisión por dos atentados de los GAL.
Lo que sí hizo Garzón fue presionarles, con la ayuda de algunos periodistas que hoy son sus enemigos, para que se «arrepintieran» y cantaran La Traviata.