«Esa frenética e irresuelta competición [entre los cuatro diarios que pugnan cada mañana por el favor del público de derechas] explica la ausencia en Madrid de un termostato centrista que evite los estragos del casticismo»La Vanguardia, 29-07-2010
El director adjunto de La Vanguardia y responsable de su delegación en Madrid analiza la prohibición de las corridas de toros en Cataluña vista desde Madrid. El título lo dice todo: «La sobreexcitación madrileña».
Sorprende una larga frase del primer párrafo que pone de manifiesto frivolidad y desconocimiento de la historia:
«Hay que vivir en Madrid los meses de julio y agosto para llegar a la conclusión de que con aire acondicionado, un cierto margen de libertad sexual y la posibilidad de insultar al prójimo en los foros de internet, España muy posiblemente se habría ahorrado el amargo trance de la Guerra Civil».
Más adelante decía que «aprieta el calor y alguna cosa más. Aprieta la competición entre los cuatro diarios que pugnan cada mañana por el favor del público de derechas».
Y le precisa a «don Mariano Rajoy» que ése es «un verdadero problema nacional».
Un repaso a la prensa y a los resúmenes de los medios audiovisuales no conduce, precisamente, a la conclusión que saca Juliana.
Claro que en Madrid, y en todos los rincones de España, se defienden con pasión todos los símbolos de esta nación. Lo que pasa es que tanto en esta ciudad como en las demás nadie se cree que la decisión adoptada en el Parlament no se trate de un paso más para singularizarse y defenderse de España.
Existen antecedentes. En Cataluña se pretende borrar todos los símbolos que evoquen a España, hasta las muñecas vestidas de gitana.