«[La del 29-S] es la huelga general menos general de la historia de las huelgas generales»La Vanguardia, 01-10-2010
Pilar Rahola escribió en el periódico de los Godó «La fórmula del autoengaño», un interesante análisis en el que argumenta que los sindicatos, a la vista del seguimiento y los previsibles resultados de la Huelga General, han optado por esta vía.
«El dato es difícil de camuflar: No es comparable a la que sufrió el Gobierno de Felipe, ni el de Aznar, y, por lo que parece, tampoco serán comparables sus consecuencias».
Y comprende esta elección:
El dato es difícil de camuflar, apunta:
«Es la huelga general menos general de la historia de las huelgas generales».
Agrega que «no es comparable a la que sufrió el Gobierno de Felipe, ni el de Aznar, y, por lo que parece, tampoco serán comparables sus consecuencias». La huelga general «lo fue sólo allí donde era fácil».
«Es decir, en las grandes empresas, en algunos sectores de lo público y allí donde los piquetes se convirtieron en magos de la palabra y reinventaron el verbo informar».
No hacía falta manejar muchos datos para llegar a la misma conclusión que la polemista catalana. Literalmente, la huelga general fue un fracaso. El objetivo de una convocatoria de este tipo no es otro que paralizar totalmente el país. Y España no se paró.
Claro que UGT y CCOO lograron parar aquellas empresas y sectores en los que su presencia es muy fuerte o la plantilla está muy sindicalizada. Es el caso de grandes empresas como las dedicadas a la automoción, a la minería, a la siderurgia...
También consiguieron bloquear algunos espacios y servicios públicos como mercados centrales, transnportes urbanos, puertos... con la ayuda de los piquetes, que provocaron vastantes incidentes como se ha podido ver a través de la televisión o de la red.