«La decisión de ZP de renunciar a una tercera candidatura, empezaba a desestabilizar a Mariano, hasta el punto de que en Génova sonaron voces para su relevo como cabeza del cartel electoral popular»El País, 02-11-2010
Miguel Ángel Aguilar viene defendiendo, desde antes del verano, una tesis que tiene un anverso y un reverso. La cara, José Luis Rodríguez Zapatero no será el cartel del PSOE en las legislativas de 2012. La cruz, tampoco lo será Rajoy porque carece de fuerza ante cualquier otro candidato.
En un artículo publicado el segundo día de noviembre de 2010, tras la larga entrevista tipo presidente concedida a El País, el veterano periodista mantiene:
«El caso es que después de la remodelación del Gobierno, que ha llevado a cabo el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ahora, le correspondía mover ficha a su antagonista, el presidente del PP, Mariano Rajoy».
Asegura que «lo ha hecho contradiciendo a su preceptor y demóscopo de cabecera, el sin par Pedro Arriola, quien hubiera preferido que se mantuviera en silencio, envuelto en el humo del habano, protegido por la ceguera profesional del registrador de la propiedad, yacente en la ‘chaise longue', como ha terminado por dibujarlo Peridis».
El comentarista de El País añadía:
«Aducía Arriola a favor de su receta de impasibilidad el glorioso acompañamiento de las encuestas, la crecida de la expectativa de voto, que le augura ventaja en las urnas ya en la raya de la mayoría absoluta».
Su conclusión era la siguiente:
El columnista demuestra una vez más que sus fuentes en el principal partido de la oposición no están bien informadas o le cuentan lo que Miguel Ángel Aguilar quiere escuchar.
Tras el Congreso de Valencia en julio de 2010, Rajoy ha conseguido ir aunando el partido paulatinamente. Además, desde que las encuestas empezaron a situarle por delante de Zapatero y, sobre todo a distanciarle del inquilino de La Moncloa, tras poner en marcha el plan de ajuste para reducir el déficit público, la unión de los populares en torno a Rajoy es indiscutible.
Además, desde todos los puntos de vistas del marketing político, cambiar de candidato a un año y cuatro meses de los comicios, es hacerse el hara kiri