«La eclosión de Francisco Álvarez Cascos fuera del PP es la confirmación de que la ruptura del partido conservador es posible y a lo mejor empieza por Asturias»Blog «Bitácora para náufragos de la izquierda», 08-01-2011
El veterano periodista mantiene que en el PP «coexisten militantes y electorados distintos», y que la «vieja guardia aznarista ha ido perdiendo influencia».
«Los viejos métodos autoritarios de José María Aznar han sido desplazados por un cierto descontrol interno en el PP. No quiere decir esto que en el fondo del pensamiento de toda la masa dirigente no haya elementos comunes. La falta de compromiso institucional con los asuntos de estado, la tolerancia frente a la corrupción y la irresponsabilidad en la erosión de los intereses de España para desgastar al Gobierno es un criterio compartido por todas las banderías».
Ahonda todavía más en esta línea:
«Pero aún así hay diferencias en los usos y costumbres más predemocráticos de Esperanza Aguirre, Francisco Camps, Francisco Álvarez Cascos o Fabra. Para todos sería beneficioso que España tuviera una derecha moderna, separada de la Iglesia y con aceptación plena de las reglas de la democracia. Mientras coexistan dentro del PP la derecha más extrema y algunas aproximaciones al centro eso será imposible».
En su camino hacia la conclusión final, Carlos Carnicero apunta que «España necesita un reajuste en sus partidos políticos»:
«Lo lógico es que hubiera un partido claramente de derechas, uno de centro, un socialdemócrata y uno más a la izquierda. Esa sería la representación de una España plural que se acercase a su realidad sociológica».
El comentarista, siempre tan próximo al PSOE, considera que la marcha del ex secretario general del PP tiene mucho significado:
Su abandono del PP no se debe a razones ideológicas, aunque ahora esté vendiendo el desprecio a Asturias por parte de su ya ex partido. Ciertamente, el trato recibido por la cúpula del PP no ha sido el más correcto. Le han estado mareando ocho meses para después enterarse por los periódicos de la decisión final.
Su ruptura ha molestado incluso a quienes fueron sus compañeros de gobierno y defendieron públicamente su candidatura. Los único apoyos que ha recibido son los de ex dirigentes marginales. Absolutamente amortizados político, como el ex alcalde de Granada, Gabriel Díez Berbel, hoy más conocido por sus polémicas con su ex amiga Mila Ximénez en «Sálvame» que por sus aportaciones políticas.