«Sólo por ver la reacción de la derecha política y mediática ya merece la pena pagar los 350.000 euros al año de traducción en el Senado»Blog «Trabajar cansa». Público, 20-01-2011
El escritor y bloguero de Público también hizo correr su tinta para hablar de lo que él considera la nueva «presa» de la derecha: la traducción simultánea de las lenguas autonómicas en el Senado.
Explica que los del PP y sus aledaños «entran siempre al mismo trapo»:
«(...) cómo se desbocan en cuanto les tocan la lengua, la bandera o cualquier cosa que rompa la imagen nostálgica de una España monolítica».
Explica que es comprensible que a muchos les parezca «innecesaria y ridícula la imagen de los senadores con auricular». Y matiza:
«Pero la democracia está llena de gestos así, y nadie se escandaliza. Con el mismo planteamiento se podría considerar un lujo innecesario que los diputados vayan a los plenos a votar. Total, si van a seguir la consigna del partido, ya podía ir el jefe de grupo y votar por todos ellos, y nos ahorrábamos una pasta en aviones, hoteles y taxis».
Ya en unos párrafos anteriores, había escrito la frase que es objeto de análisis:
La frase no podría ser más superficial. La cartelera española está llena de espectáculos, mucho más asequibles y económicos para todos los públicos, en los que Isaac Rosa puede divertirse una barbaridad.
No es sólo un problema de dinero, que también lo es, sino de dignidad política. El Senado es una institución nacional, correspondiente a Estado, cuya lengua oficial en toda su geografía es el castellano. La lengua es un medio de comunicación y no un instrumento arrojadizo.
Se puede entender que en la Comisión de Autonomías, donde ya existía ese servicio, se ofrezca la traducción simultánea, pero en los plenos, no.
Además, se ha aprobado gracias a la presión de los nacionalistas, que aquí reivindican muchos derechos, pero en sus territorios no defienden los de los demás.
Recordemos, por ejemplo, que un maestro que no sepa catalán o gallego no puede trasladarse de Madrid a Barcelona o Coruña. Y lo mismo ocurre, cada día más, con todos los funcionarios públicos, incluidos los jueces y los médicos.
Los nacionalistas siempre están pidiendo, pero nunca dan nada.