«El primer partido [PP o PSOE] que cambie de líder dará un paso importante para ganar en 2012» Público, 24-04-2011
El subdirector de Público, Manuel Rico, apuntó en su columna -Un vuelco electoral sorprendente, pero no único- que el sondeo electoral que dio a conocer el pasado fin de semana su periódico -El PSOE reduce la ventaja del PP a 2,3 puntos- que, aunque pudiera parecer sorpresivo este cambio de tendencia demoscópica, no era la primera vez que sucede, poniendo como ejemplo lo que ha pasado en otros países del entorno europeo. En el caso español, Rico considera que la clave está en el partido que se atreva a cambia de líder.
Expone el periodista que:
Es indudable que los datos del último Publiscopio electoral son sorprendentes. No tanto por el cambio de tendencia, previsible tras el anuncio de retirada de un Zapatero que la derecha había logrado convertir en el culpable de todos los males patrios, sino por la intensidad del mismo. Una variación de 11 puntos en un mes es algo infrecuente, aunque no único.
Esa variación que ahora favorecería al PSOE la justifica por lo que ha pasado en otras naciones:
En Portugal, el socialista José Sócrates también ha mejorado en más de 11 puntos sus expectativas electorales en idéntico periodo de tiempo. Y en Reino Unido, el conservador David Cameron llegó a tener una ventaja en los sondeos de 20 puntos que quedó finalmente reducida a siete en los comicios celebrados en mayo de 2010.
Y concluye que:
Los datos del Publiscopio parecen confirmar aquella tesis que hizo fortuna el año pasado entre algunos sociólogos y periodistas, a la vista de la bajísima nota que recibían en todas las encuestas Zapatero y Rajoy: el primer partido que cambie de líder dará un paso de gigante para ganar las elecciones de 2012. Es evidente que el tablero electoral puede dar aún muchos vuelcos de aquí a marzo del año que viene, en cualquiera de las direcciones.
Los argumentos aportados por Rico son una verdad a medias porque es cierto que ha habido vuelcos electorales casi imprevisibles, pero no siempre el cambio de líder ha actuado como un remedio infalible.
Pese a que el anuncio del presidente José Luis Rodríguez Zapatero sobre que no repetiría como cartel electoral para 2012 se produjo a primeros de abril, lo cierto es que ya desde diciembre de 2010 se venía cuajando la carrera para su sucesión. Una institución afín al PSOE, Fundación Alternativas, consideraba ya como real el cambio del actual inquilino de La Moncloa y daba como segura la victoria del Partido Popular -Expertos de fundación afín al PSOE ven indicadores de que la elección de 2012 se parecerá a la de 2000-
Apuntan los expertos de esta fundación, en relación a la posibilidad de que el líder del PSOE sea el actual ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que:
Las encuestas que apuntan que éste sacaría hoy mejor resultado que Zapatero son creíbles, pero no se puede predecir si eso se mantendría, por ejemplo, si se adelantasen las elecciones. En Estados Unidos la candidatura de Al Gore acabó resultando 'contaminada' por la de su antecesor Bill Clinton, pese a los intentos de diferenciarle.
Lo del cambio de líder no siempre es indicativo de un cambio en la tendencia. En las elecciones generales de 1993, a pesar del desgaste de Felipe González, consta el precedente en el que, a pesar de tener todos los indicadores económicos en contra y de aparecer como culpable de una crisis que destruyó tres millones de empleos, el PSOE ganó sus cuartas legislativas consecutivas por una diferencia, contra todo pronóstico, de cuatro puntos y 18 escaños.
Los sondeos previos hablaban de una victoria cómoda del PP, con un José María Aznar que tuvo que ser cabeza de lista accidental en 1989 y que cuatro años después se preparaba para su verdadero examen, pero las urnas dictaron sentencia -La estrategia de Génova de centrarse en la economía no da los resultados esperados-.
Y en el año 2000, la coalición que formaron PSOE e Izquierda Unida, con Joaquín Almunia y Francisco Frutos, llegaba a la semana decisiva con un empate técnico en las urnas. Los socialistas presentaban a un nuevo candidato, pero eso no fue óbice para desplomarse en las urnas, dando lugar a un triunfo sin paliativos del PP, con más de 50 escaños de diferencia sobre el sucesor de Felipe González.