Carlos Alsina, Director de «La Brujula»

Verdad

«Blanco es un formidable creador de eslóganes, de expresiones ocurrentes y latiguillos contagiosos» La Razón, 27-04-2011

Carlos Alsina

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El periodista Carlos Alsina hace en La Razón -Vuelven a llamarle «Pepiño»-un perfil desenfadado del ministro de Fomento, José Blanco, en el que se ve la evolución de un político que pasó de las formas ácidas contra la oposición a un intento de conseguir una pose más institucional cuando logró entrar en el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero y como, ante los recortes económicos en su departamento, junto con la proximidad de las elecciones, ha vuelto a recuperar ese gracejo y donaire de arremeter a base de chascarrillos contra el adversario político.

Detalla el columnista que:

Llegó al ministerio evocando a Indalecio Prieto, planificador de ferrocarriles, carreteras, trasvases y pantanos, el primer socialista que dirigió las Obras Públicas y que convocó a la oposición al pacto de las grandes infraestructuras que requería España. José Blanco, nombrado ministro hace ahora dos años, colgó los guantes que había usado en Ferraz para castigar el mentón del adversario y encargó un traje institucional a la medida del forjador de consensos que siempre había llevado dentro.

Explica que

La nueva vida del nuevo José Blanco llevó a Esperanza Aguirre a celebrar su «cambio de talante» el mismo día que Rajoy valoró «positivamente sus nuevas formas». Tal era la simpatía que despertaba ahora el ministro en el PP y sus comentaristas afines, que hasta dejaron de llamarle «Pepiño». Don José, al mirar al espejo, empezaba a encontrar ese cierto aire a don Inda que tanto le agradaba.

Sin embargo, ese perfil duraría poco tiempo:

A la vuelta de un año empezaron las curvas. La señora Merkel empitonó a Zapatero con la tijera de podar y el ministerio de inversión se convirtió, de pronto, en el ministerio menguante. El ministro empezó a predicar la bondad de las privatizaciones parciales, salvó los proyectos que pudo -el AVE a Galicia, su principal legado- y pronunció su célebre diagnóstico de cinco palabras: «esto no da para más». En Ferraz, al mismo tiempo, sonaban las sirenas de alarma: la demoscopia andaba encabritada y Leire Pajín había salido rana. El aterrizaje de un ovni llamado Marcelino Iglesias significaba, en realidad, otra cosa: el retorno a su puesto del Blanco de siempre, el que calcula, el que manda y el que habla.

Agrega que:

La fábrica de argumentarios del partido, oxidada en la época Pajín por ausencia de combustible sólido, debía ponerse de nuevo en marcha. Y en eso, Blanco no tiene rival, ni siquiera Rubalcaba. Es un formidable creador de eslóganes, de expresiones ocurrentes y latiguillos contagiosos. Él inventó el «ruido de cheques» cuando el tamayazo; inventó «la derecha extrema» como versión atemperada de «la extrema derecha»; popularizó el término «neocon», bien es verdad que sin saber exactamente qué significaba la cosa, y acaba de bautizar la candidatura de Camps como «lista paritaria» porque lleva tantos imputados como no imputados. Ésta última es muy buena.

Y sentencia que:

Su mente es una factoría inagotable de estribillos para mítines. En tiempos amargos como los que sufre hoy su partido, Blanco sacrifica a don Inda para volver a ser el propagandista de los guantes de acero. Por eso el PP, y sus comentaristas más afines, vuelven a llamarle «Pepiño».

Tiene razón Carlos Alsina en la descripción que realiza de la evolución de José Blanco. Sus comienzos al frente del Ministerio de Fomento fueron de verdadera pacificación, independientemente del color de la administración de turno. Fue bastante comentada la relación idílica entre el titular ministerial con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a cuenta de la inauguración de la nueva estación de cercanías de Sol, en el año 2009 -Pepiño Blanco le dice que sí a todo a Esperanza Aguirre-.

Sin embargo, desde hace algunas semanas, José Blanco parece haber dejado colgado del perchero del Ministerio de Fomento la chaqueta de la formalidad, del consenso y de las buenas formas y se ha echado nuevamente al monte de los ataque frontales al PP. El pasado fin de semana, el ministro llamaba cobarde a Mariano Rajoy porque no cree que será capaz de preguntar por la fuga del etarra Troitiño en el Congreso -Blanco dice que Rajoy es un cobarde incapaz de preguntar en el Parlamento por la libertad de Troitiño-.