Ignacio Escolar, Periodista

Verdad

«Debo de ser un demócrata trasnochado, pero prefiero los juicios a los asesinatos de Estado» Público, 03-05-2011

Ignacio Escolar

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El periodista Ignacio Escolar escribe en Público -Un demócrata trasnochado- que el asesinato de Osama Bin Laden no le parece un hecho que se deba festejar. Entiende que se trataba de un terrorista, de un sanguinario, pero que cualquier criminal, por muchas muertes que tuviese tras de sí, merece un juicio justo.

Afirma el columnista que:

Debo de ser un demócrata trasnochado, pero prefiero los juicios a los asesinatos de Estado. Debo de ser un blando, pero no creo en la pena de muerte ni mucho menos en las ejecuciones extrajudiciales. Debe de ser sospechoso esto que digo, porque antes de seguir voy a tener que dejar muy claro, para que nadie manipule mis palabras, que detesto la violencia, que detesto el terrorismo, que detesto a Al Qaeda y que no creo en el infierno, pero si existe tal cosa se inventó para asesinos como el difunto Osama Bin Laden.

Prosigue que:

Aún soy de los que defienden que el fin no justifica los medios; que la Justicia no tiene nada que ver con un tiro en la cabeza y un cadáver lanzado por la borda hasta el fondo del océano. Debo de ser un antiguo, o tal vez alguien demasiado moderno, porque ojalá que la ley del Talión se hubiese quedado enterrada en la tumba del rey Hammurabi, hace más de tres mil años.

Y asegura que:

Debo de ser un utópico, porque defiendo que ni siquiera si se demuestra que la pista para cazar a Bin Laden salió de un prisionero de Guantánamo, como ya se ha filtrado, quedaría justificada la tortura o el limbo jurídico de esos "enemigos" que ni siquiera saben de qué están acusados. Debo de ser un aguafiestas inoportuno, por afirmar que la venganza no es Justicia; por recordar que hasta los nazis tuvieron un juicio en Nüremberg que hoy negamos a los terroristas de Al Qaeda.

Los argumentos que emplea Escolar son verdaderos. El propio periodista se refiere a lo que aconteció en Núremberg donde todos los altos mandos implicados en una cruenta II Guerra Mundial fueron sometidos a un juicio sumarísimo, aunque no faltarían voces que reclamasen un castigo en las mismas proporciones que los millones de personas que fenecieron durante los seis años del conflicto -Un documental sobre el juicio de Nüremberg revive el horror nazi-.

Otros líderes sanguinarios, además no muy lejanos, cronológicamente hablando, tuvieron su juicio antes de, por ejemplo, fenecer ahorcados. La referencia es evidente. Pese a todos los asesinatos durante las dos guerras del Golfo y las matanzas antes y entre medias de los dos estallidos bélicos, el sátrapa iraquí tuvo la oportunidad de defenderse en una vista pública, algo que no ha acontecido con Osama Bin Laden -Sadam e Irak, el día después de la sentencia-.