Ignacio Camacho, Periodista

Verdad

«Los grandes desengaños [electorales] provienen siempre de las grandes expectativas» ABC, 09-05-2011

Ignacio Camacho

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El periodista Ignacio Camacho subraya en ABC -Expectativas y desengaños-, que son tan pésimos los sondeos para el PSOE que cualquier leve mejora que pudiera obtener será considerada como un triunfo moral y una decepción para el Partido Popular, ya que éste espera ganar en varios feudos locales y autonómicos que llevan muchos años en manos de los socialistas.

Expone el columnista que:

Este aluvión de encuestas en caída libre es tan demoledor que ya sólo puede beneficiar al PSOE. No tanto porque provoque la confianza del PP sino porque el pronóstico unánime de la catástrofe socialista convertirá en un éxito relativo cualquier posible mejoría de última hora. Los populares van a ganar sin género posible de dudas en votos absolutos y en cuotas de poder territorial, pero hay plazas dudosas en las que su triunfo no está descontado. Un tropiezo en alguna de ellas desembocaría en la amargura de una frustración y dilataría el alivio de los adversarios, que siempre suelen crecer algo durante la campaña.

Aclara que:

Sevilla y Castilla-La Mancha son, por su carácter simbólico, los puntos neurálgicos que decidirán en gran medida el impacto del resultado electoral en la opinión pública. Ambas dependen de un puñado de votos, y si los socialistas logran conservar el poder en ellas agrandarán sobremanera el eco de su resistencia. Sensu contrario, si las pierden junto con Barcelona no tendrán modo de contener la sensación de hecatombe.

Sobre Castilla-La Mancha opina que:

La batalla castellanomanchega es crucial porque en ella se la juega la número dos del Partido Popular, Dolores de Cospedal, cuya eventual derrota salpicaría a Rajoy de manera inevitable. La ley electoral autonómica, diseñada por el presidente Barreda a medida de sus intereses, exige a la aspirante ganar en el feudo socialdemócrata de Ciudad Real o casi doblar en votos al PSOE en Guadalajara o Toledo. Un censo escaso para tanto margen, salvo que el clima de vuelco haya cuajado de forma arrasadora.

Y en el caso andaluz estima que:

En Sevilla se va a evaluar el tamaño de la crisis del socialismo andaluz, el nivel de debilidad y descomposición del griñanismo, la gravedad de su exposición a la radiactividad política de los EREs falsos y del nepotismo chavista. Pero si en la capital de Andalucía los socialistas cuentan para apoyarse con la muleta de Izquierda Unida, en la comunidad manchega el cara a cara es puramente bipartidista. No hay intermediarios ni bisagras ni costaleros, de modo que el enfrentamiento no dejará lugar a interpretaciones ni consuelos. El perdedor lo va a pasar mal porque focalizará gran parte de un resultado nacional cuyas grandes líneas están trazadas.

Y concluye que:

El PSOE está tocando a rebato con una llamada desesperada a frenar a la derecha. Hasta ahora, según los indicios, tiene poco eco; hay un cabreo social intenso y ganas de castigo. El índice de fidelidad del voto de la izquierda se desploma y el del PP resiste. Pero encuestas son sólo encuestas, y los grandes desengaños provienen siempre de las grandes expectativas.

Tiene razón Ignacio Camacho cuando habla de que, a pesar del triunfo sin paliativos que aguarda al PP en las urnas el 22 de mayo, las expectativas en determinadas circunscripciones como la castellano-manchega o Sevilla son tan enormes que igual una derrota pudiera crear un clima de depresión en la derecha y aliviar el ánimo alicaído de la marca PSOE.

Por ejemplo, la aspirante conservadora en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, cuenta con el innegable apoyo demoscópico, además desde hace ya varios meses, por lo que supondría un serio revés si al final permanece en el poder cuatro años más el socialista José María Barreda -Las pesadillas electorales del socialista Barreda se acentúan cada vez más-.

Lo que resulta evidente es que los estudios demoscópicos juegan muy a favor del PP, pero en Génova 13, la sede del partido de la gaviota, ya saben de grandes decepciones, especialmente en 1993, cuando José María Aznar, con todas las encuestas a favor, acabó perdiendo en las urnas frente a Felipe González -El doberman como último recurso-. Ahora, 18 años después, el panorama viene siendo un calco, aunque bien es cierto que aquélla fue una cita para las elecciones generales y ésta para las locales y autonómicas, pero en esencia dejaría el mismo aroma de euforia o de decepción -El PP logrará un triunfo histórico en las elecciones de 22 de mayo-.