«¿Cómo es posible que los jóvenes hayan tardado en darse cuenta de lo que les ocurre, con más de un 40% de paro»ABC, 18-05-2011
El periodista José María Carrascal escribe en ABC -Acampada en Sol- que le sorprende que ahora se haya producido un repentino despertar en la conciencia de los jóvenes y ver como en España, con una tasa de paro juvenil de un 40%, su futuro está mucho más que negro. Afirma que en parte esa anterior actitud de conformismo se debía a un entorno favorecedor, tener todo asegurado en el hogar paterno, amén de un sistema educativo que no exige mayor esfuerzo.
Comienza el columnista su argumentación con:
«España es el país de los frutos maduros», escribía poéticamente Eugenio Montes. Lo que, traducido a prosa, quería decir que hemos llegado tarde a todo. Al Renacimiento, a la Reforma, a la Ilustración, a la revolución industrial, a la revolución agrícola, a la revolución sexual (la revolución política aún no la hemos cerrado) y estamos llegando tarde a la revolución económica. Ahora nos llega la revolución juvenil, cuarenta años después que en Occidente y dos meses más tarde que en el mundo árabe, para vergüenza nuestra, pues la famosa «movida» fue una coña.
Se cuestiona que:
La primera pregunta que se le ocurre a uno no es ¿por qué lo hacen?, sino ¿por qué han tardado tanto en hacerlo? Sí, ¿cómo es posible que los jóvenes españoles hayan tardado tanto en darse cuenta de lo que les ocurre, con más de un 40 por ciento de paro y escasas posibilidades de iniciar una actividad profesional decente, a no ser que pertenezcan a un partido, lo que de por sí ya es una indecencia?
Y precisa que:
La respuesta es fácil: porque, pese a tan malas perspectivas, a los jóvenes españoles no les había ido del todo mal, o al menos eso se creían. Los políticos y la sociedad les había adormecido con todo tipo de estupefacientes, empezando por la poca necesidad de esforzarse en el estudio o trabajo y terminando por aceptar la idea de que, a sus años, lo primero es divertirse, y luego, lo demás. Si encima se tenía garantizada en casa la comida, la cama y la libertad para volver cuando le diera a uno la gana, se comprende que los jóvenes españoles no tuvieran muchas ganas de echarse a la calle a protestar. Suena a crítica a ellos, pero no lo es. Ellos no han hecho otra cosa que seguir las pautas que les marcaban los mayores. Somos nosotros los principales culpables de tanta imprevisión e irresponsabilidad.
Concluye que:
Y ha tenido que ser la crisis, la puñetera crisis, la que descubriera la farsa, como el niño que gritó que el rey iba desnudo: tanta tolerancia, tanto consentimiento, tanta indulgencia con los jóvenes era en realidad una trampa que les atraparía de por vida. El «ya tendré tiempo para trabajar, ahora toca divertirme», de moda durante tantos años, se ha convertido en el dramático «aquí no tendré nunca trabajo».
Tiene razón José María Carrascal. El esfuerzo académico de los estudiantes en España, salvo excepciones, está a los pies de los caballos. Aquí todo se mira desde la perspectiva de la inversión, aulas muy modernas, con pocos alumnos, pero no se pone la vista en lo fundamental, el contenido. El informe PISA de 2010 habla bien a las claras de que no hay una correlación en nuestro país entre presupuesto y rendimiento académico. Sólo hay que tomar como ejemplo la ciudad de Shangai donde, con 45 alumnos por clase, sin computadoras y únicamente ayudados de lápiz y papel, se obtienen los mejores resultados en ese informe -España logra la excelencia de la mediocridad-.
Sobre la comodidad de la estancia en el hogar familiar y poder hacer poco menos que lo que les viene en gana, una encuesta de Metroscopia realizada en 2009 ya ponía el acento en este problema, en jóvenes que ante la facilidad de obtener lo que querían sin tener que esforzarse, ni estudiaban ni trabajaban -Generación 'ni-ni': Los jóvenes españoles tendrán un nivel de vida peor que el de sus padres-.:
Lo de "Generación ni-ni", viene de que ni estudian ni trabajan. Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas.
El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado.
¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar.