«La vida de los dos partidos [PP y PSOE] no depende de los votos, sino de la audiencia»El País, 20-05-2011
El escritor Juan José Millas escribe en El País -'Supervivientes'- que los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, han convertido los actos de campaña como si fuesen el plató de cualquier reality show o una tertulia en la que se destripan los asuntos más enrevesados de la prensa rosa.
Asegura el columnista que:
La campaña electoral se ha ajustado con precisión al modelo ético y estético de esos programas a los que no es necesario seguir para que te lleguen sus ecos. ¿Quién no conoce a Belén Esteban, aunque jamás la haya visto en la pantalla? De Supervivientes, por ejemplo, es casi imposible no saber que una de las concursantes hubo de abandonar el plató al desplazársele una prótesis mamaria. Los ecos de la campaña electoral, así como las propuestas de sus participantes, han sonado, casi sin excepción, a desplazamientos de prótesis mamarias.
Considera que:
Quiere decirse que PP y PSOE han armado el alboroto mediático característico de los programas a los que acude Miguel Ángel Rodríguez, donde el sueldo de los tertulianos depende de su capacidad para la bronca. Y así se han mostrado exactamente los dos partidos bipartidistas, sabiendo que sus vidas y sus salarios ya no dependen de los votos, sino de la audiencia. Nunca creímos que se llegara a identificar al electorado con la audiencia televisiva, jamás que la realidad política se convirtiera en un plató cuyo único objetivo sería arrebatar al adversario el pedazo más grande de la tarta publicitaria.
Y detalla que:
Ya en el colmo de la turbidez reinante (y quizá de la desesperación empresarial), Zapatero gritó en un mitin que no votáramos al PSOE por sus virtudes, sino por los defectos del PP. La teoría del mal menor, en fin, llevada a extremos morales hasta hace poco inconcebibles. ¿Cómo hemos llegado a esto? Y sobre todo: ¿Qué nos espera ahora?
Las reflexiones de Juan José Millas son dudosas porque, si bien la presencia de los políticos en los medios de comunicación es un canal extraordinario para poder hacer llegar su programa electoral o atacar al contrario, aún no existe un modo interactivo por el que la audiencia eche o mantenga en la poltrona a un determinado dirigente, como si pasa en esos programas que relata el columnista de El País.
Es cierto que los medios de comunicación se han convertido en una excelente plataforma para los líderes de los partidos y que logran convencer en cierta manera al espectador sobre sus ideales -Talante totalitario y ruido mediático políticos-, pero tampoco hay que olvidar que un gran número de personas que acude a las urnas ya tiene el voto decidido de antemano, como si fuese un fiel seguidor de un Real Madrid o de un Barcelona.
El interés de las formaciones políticas no está en convencer a la gran masa, sino a ese 20% que, por norma general, suele estar indeciso y que es quien acaba desequilibrando la balanza en favor del PP o del PSOE -El PSOE centra el último tramo de campaña en convencer al 20% de indecisos-.