Maruja Torres , Periodista y escritora

Mentira

«Están muy crecidos los que han lanzado el Diccionario trucho [de la Real Academia de la Historia]»El País, 02-06-2011

Maruja Torres

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La periodista Maruja Torres expone en El País -Escándalo- que las referencias que hace la Real Academia de la Historia sobre Franco denotan que se trata de una institución anquilosada en el pasado, que no se actualiza y que sólo vive en su propia realidad, alejada de la que vive el resto de la humanidad.

Aduce la articulista que:

La Real Academia de la Historia, como el dinosaurio, siempre ha estado aquí. Con su arzobispo, su falta de paridad, sus jaculatorias, su censor de reglamento, su caspa y, eso sí, ahora con ordenadores. Haciendo los académicos su trabajito de hormiga, suplantando la realidad, como si el tiempo no pasara para ellos o, aún mejor: como si fueran los dueños del tiempo y de nuestra memoria. Escondidos tras ese telón blindado de respetabilidad gratuita que proporciona el academicismo. No en vano los cursis llaman olimpos a las Academias. Debe de ser muy difícil no considerarse un dios capacitado para construir su propia irrealidad con palabras. Sobre todo si, encima, cada vez que se reúnen le rezan juntos al Dios en el que creen, y que les conviene.

Añade que:

Siempre han estado ahí. Dispuestos a congelar los hechos en el momento en que a sus señorías les viniera en gana, eligiendo a quién darle tal entrada o arrebatarle tal otra, fijando con gomina la imagen de los suyos, subrepticiamente infiltrados en la realidad para ponerle guantes y escarpines de seda. Haciendo su Historia para dárnosla en obleas a quienes, con nuestros impuestos, mantenemos sus cargos, reforzamos sus vanidades y permitimos que guarden sus asuntos debajo de sus alfombras.

Y remata con un viaje a José María Aznar:

El caso de las virtudes de Franco, loadas por los próceres de nuestra ranciedad al no representarle como el sanguinario que fue, pone de manifiesto dos temas que no me parecen menores. Uno, que siempre hay una caverna que escapa a los Gobiernos llamados progresistas que, de refilón, nos gravan con sus costes; y dos, que deben de estar muy crecidos últimamente, si se han atrevido a lanzar este Diccionario trucho, arriesgándose al consiguiente escándalo. Sin complejos, como dijo en su día el Abdominales Hombre del Bigote.

Los argumentos de Maruja Torres son falsos y es el propio Gobierno socialista el que considera que la obra puede gustar o no, pero que es incuestionable que cada persona queda reflejada y retratada, tal y como apuntó Ramón Jauregui, ministro de la Presidencia, -Jáuregui cree que la bibliografía complementaria al diccionario de Academia de la Historia "hace justicia a cada uno"-.

Además, la Real Academia de la Historia no es un ente que actúe como mero compartimento estanco, al contrario. Esta institución manifiesta su intención de ir haciendo las actualizaciones pertinentes en su edición digital, al igual que realiza cualquier institución que dispone de ese soporte -La Real Academia de la Historia dispuesta a "enriquecer" las entradas del Diccionario biográfico en su versión on-line-.