Salvador Sostres, Escritor y periodista

Dudoso

«Los gobiernos más progresistas en España han sido los del presidente José María Aznar»El Mundo, 07-06-2011

Salvador Sostres

Credibilidad6,7

El periodista Salvador Sostres comenta en El Mundo -Cuando se pone feo- que los gobiernos de José María Aznar (1996-2004) han sido los más progresistas en la historia de España y defiende este concepto basado en que durante esa etapa se produjo el mayor crecimiento económico y se consiguió una de las tasas de desempleo más bajas del país.

Afirma el columnista que:

Cuando en los países civilizados las cosas se ponen feas, la gente vota a la derecha. Con la gente me refiero a la masa, a las clases media, media baja y baja porque, lamentablemente, no hay ningún país del mundo con suficientes multimillonarios o ricos para que sólo con su voto puedas ganar una elección. Cuando las cosas se ponen feas, el peón y la chacha, el obrero y la peluquera, el dependiente y el ama de casa votan a la derecha como quien ve el saldo de su cuenta y deja de despilfarrar. Portugal lo hizo ayer y España hace algunos años, cuando los socialistas la hundieron de corrupción y paro.

Detalla que:

El liberalismo es el sistema económico que históricamente ha conseguido que menos pobres haya porque intenta crear oportunidades para que los que se esfuercen puedan dejar de serlo. La izquierda fomenta la pobreza con su paternalismo prometedor, que lleva a la holgazanería y al inmovilismo, y vive de la propaganda de que ayuda a los más desfavorecidos cuando en el fondo les condena a serlo.

Considera que:

La derecha ha gestionado horrorosamente mal su propaganda y se ha dejado avasallar por el cinismo de la izquierda mediática. Se ha dejado robar todas las palabras. Progresismo, por ejemplo. Los gobiernos más progresistas en España han sido los del presidente José María Aznar, con el mayor crecimiento económico, la menor tasa de paro des- de la recuperación de la democracia y la mejor política social en tanto que nunca tuvimos menos pobres que entonces. Más en lo ideológico, abolió con Convergència i Unió el servicio militar obligatorio, a lo que el Partido Socialista siempre se había negado.

Y sentencia que:

La izquierda es el fin de fiesta de los que creyeron que eras tonto y te prometieron cosas que ya sabían que no podrían pagar. La derecha confía en ti y te pone a trabajar. Al principio cuesta, pero luego dejas de vivir como un esclavo humillado, pendiente de quien más te promete, para vivir de pie y votar, como un ciudadano libre y capaz, a quien más te deje en paz.

Las reflexiones de Sostres son dudosas. El progresismo, tal y como es entendido en la actualidad, resulta un sistema cuyo camino está diametralmente opuesto a lo que fue, precisamente, la etapa de José María Aznar al frente del Ejecutivo nacional. El columnista Santiago Mora Velarde explica profusamente en Periodista Digital todo lo que hoy significa ser progresista -La falacia del progresismo- y, desde luego, nada tiene que ver con lo hecho en los años en los que el PP tuvo en sus manos el timón del Gobierno de España:


Coloquialmente, se está admitiendo de forma generalizada definir a los partidos de la izquierda y a sus partidarios como progresistas. Un término que suena magníficamente, tanto en sentido activo como pasivo: modernidad y progreso frente a retrógrados y carcas de la derecha. Todo ello se está consiguiendo sin esfuerzo, gracias a la tonta aquiescencia de aquéllos contra quienes se utiliza. Falta una reacción similar, de marketing político, para demostrar la falacia del término progresista.

Un término hueco, como lo está la actual ideología de la izquierda, que sólo sirve como impostura para ocultar la falta de propuestas efectivas de mejora real de la situación de cada sociedad y el vacío intelectual del izquierdismo.

El manto progresista que hoy cobija a las ideologías izquierdistas es un auténtico caballo de Troya que las sociedades occidentales, y muy destacadamente la española, están permitiendo que sirva para ocultar el peligro de unas ideologías con grandes rasgos antidemocráticos, que sólo entienden la democracia como un mecanismo legitimador de su uso del poder, al cual creen tener derecho natural, pero al cual no se someten pacíficamente cuando el poder lo ejercen ideologías liberal conservadoras.