Antonio Burgos, Periodista

Verdad

«No creo en el desarme de la ETA porque no lo ha habido: la ETA ha sido la que nos ha desarmado a nosotros»Columna en 'ABC', 16-04-2017

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EN mal sitio han ido a poner la era, cuando España entera estaba pensando en la Semana Santa, ya por el rito religioso, ya por el profano de pegarse unas buenas vacaciones en la playa.

Hablo de la ETA y de su paripé de la entrega de cuatro armas oxidadas, con las que no habían dado un solo tiro en la nunca ni asesinado a inocente alguno, y que algunos han tomado como el desarme, empezando por parte de la prensa internacional, que siempre pica y que no ha dejado de llamar a esos cuadrilleros «organización independentista», en vez de pandilla de criminales.

Yo no creo en el desarme de la ETA porque no lo ha habido. Ha habido justamente todo lo contrario: la ETA ha sido la que nos ha desarmado a nosotros, desde que en el tristemente famoso Proceso de Pazzzzzz de Rodríguez Zapatero se las puso en bandeja para que siguieran derrotándonos, cuando ya nos ganaban la guerra del lenguaje, al adoptar las víctimas el idioma de los verdugos con todo eso de «cúpula militar», «comando» y otras expresiones honrosamente propias de nuestras Fuerzas Armadas e indignamente aplicadas a unos asesinos que quisieron quitarme del tabaco en aquella triste tacada andaluza del 2000 en la que asesinaron al concejal Carpena, al juez Portero y a médico militar Muñoz Cariñanos.

Cuando veo que los jueces ponen en libertad o les dan un permiso especial a los que aún tienen las manos manchadas de sangre, y que ni se han arrepentido de sus crímenes ni piensan hacerlo, tal como está nuestro tristemente garantista sistema judicial y penitenciario, me pregunto: ¿pero quién ha desarmado a quién?

¿El Estado de Derecho ha desarmado a la ETA o la ETA ha desarmado al Estado de Derecho y ahí los tienen, que no sólo siguen quemando impunemente banderas españolas y tributando públicos homenajes oficiales a los más deleznables asesinos, sino que la cuestión es peor?

Aquí mucho presumir de que el Estado de Derecho ha acabado con la ETA, pero ahí tienen a etarras convictos y confesos y condenados, apaciblemente estabulados en las nóminas del Estado como concejales, alcaldes, diputados regionales, diputados nacionales.

¿Quién ha hecho aquí verdaderamente el desarme? Nosotros, nosotros sí que parece que les hemos entregado las armas de la ley a ellos. Rodríguez Zapatero les abrió el zulo de los resquicios del Estado de Derecho y ahí los tienen, con marcas blancas, con otros nombres, con otras pieles de cordero, pero en las instituciones que quieren destruir.

Y de aquí a nada, los tendremos con su «proceso» correspondiente, como los separatistas catalanes. Ya se sabe: aquí al que abre un proceso separatista no se le procesa. Y si se le procesa, es muy poquito, casi nada, y no se le manda a la cárcel como la II República envió a Companys, sino que se le inhabilita, a fin de que pueda seguir riéndose convenientemente de la Patria y de los que nos sentimos españoles.

¿Saben en el único Desarme, y con mayúsculas, en el que creo? Pues en el de Asturias de cada 19 de octubre.

El que «Clarín», como concejal de Oviedo, estableció como fiesta, en recuerdo de aquel rancho que al terminar la Primera Guerra Carlista sirvieron en Llanera a las milicias populares que se negaban a entregar las armas. Les dieron tan copabundante y apetecible rancho de garbanzos con espinacas y bacalao, callos y arroz con leche, que les entró tal sopor sestero, que cayeron como los apóstoles en la Oración en el Huerto, destroncaditos, pudiéndoles así arrebatarles las armas que se negaban a entregar.

Ese es para mí el verdadero Desarme, el de los carbayones, al que cada octubre me invitan ritualmente los amigos del Bar Asturias en Sevilla, con sus rituales y ovetenses garbanzos con espinacas y bacalao, sus callos y su arroz con leche.

Pero estos de la ETA, los muy mamones, ni hartándolos de marmitaco entregan verdaderamente las armas en el Estado que les ha franqueado sus puertas.