A ti, amigo mío, que amas el enfrentamiento y el desgarro, que avivas el conflicto con inusitado placer, con exquisito deleite, a ti, amigo mío, yo te indulto. A ti, que desprecias la amistad y la concordia, que con insólito desdén construyes, como yo, una elevada torre de burla y menosprecio, un sólido laberinto donde refugiarte y pasear las grises tardes de domingo, a ti, amigo mío, yo te indulto.