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No se trata de bajar de peso, se trata de estar saludables. Dietas como la Atkins, la Dukan o la Pronokal, que tienen en común ser low carb o bajas en carbohidratos, estuvieron de moda hace unos años fundamentalmente por la rapidez de los resultados. Todas ellas garantizan una pérdida de peso sustancial de forma muy rápida, como consecuencia de eliminar casi en su totalidad la ingesta de carbohidratos, no solamente los procedentes de cereales, sino también de frutas y verduras, según recoge Laura Conde en lavanguardia.

"Las dietas low carb surten efecto de forma perversa", explica la coach nutricional Susana León. "En el momento en que eliminamos los carbohidratos, el organismo empieza a descomponer grasas y proteínas para crear la glucosa que el cuerpo necesita para subsistir", lo que ocasiona, entre otras cosas, "debilidad absoluta y un cansancio tremendo".

La nutricionista desaconseja tajantemente realizar este tipo de dietas, no solo porque la sensación de fatiga que provocan dificulta el día a día, y afecta incluso a la capacidad de concentración y atención, sino porque "entrañan un gran peligro: bajas de peso a costa de perder masa muscular, algo que no nos interesa en absoluto, ya que lo que queremos es perder grasa", explica León. Este tipo de dietas, que, según la coach, "hacen trabajar al cuerpo de forma no sostenible", pueden llegar a provocar afecciones en el riñón si se abusa de ellas.

Los carbohidratos, de hecho, constituyen un pilar fundamental de una dieta equilibrada, ya que tienen diversas funciones dentro del organismo. "Principalmente su función es energética, a través de la glucosa tanto en el cerebro como en los músculos, pero también cumplen funciones estructurales o de regulación", señala el nutricionista de Nutrihabits Daniel Ursúa, que recomienda escoger siempre hidratos de carbono integrales frente a los refinados.

Las dietas ‘low carb' pueden afectar incluso a la capacidad de concentración y atención

Estos últimos "son aquellos en los que se ha extraído tanto el salvado como el endospermo, y tienen un índice glucémico muy alto, lo que significa que el organismo requerirá una gran cantidad de insulina en un corto espacio de tiempo para asimilarlos". Por su parte, los integrales "conservan todos los componentes, que hacen que su digestión sea más lenta y, por lo tanto, su índice glucémico mucho más bajo. Además, aportan más nutrientes que los refinados, por lo que son siempre la mejor elección", señala.

Pregunta obligada es si existe una cantidad diaria recomendada de hidratos de carbono. León insta a que supongan entre un 55% y un 60% de los nutrientes que ingerimos cada día. "Cuando se colocaron los carbohidratos en la base de la pirámide alimentaria, se observó un ligero aumento de peso de la población, cosa que ha ocasionado que tengan una mala fama injusta".

Teniendo en cuenta que conviene evitar en todos los casos los refinados y la bollería, "carbohidratos como la patata, las legumbres, el arroz o los panes integrales son más que recomendables, pues nos aportan energía, nos hacen sentir activos y la sustancia de desecho que producen es agua", señala León, que recuerda que las proteínas producen urea y la grasa puede producir la aparición de cuerpos cetónicos.

Ursúa, por su parte, señala que "si seguimos las indicaciones del plato saludable de Harvard, veremos que los hidratos de carbono ocupan un 25% de la superficie del plato y que, a poder ser, deben ser integrales".

La patata, las legumbres, el arroz o los panes integrales son más que recomendables, pues nos aportan energía, nos hacen sentir activos y la sustancia de desecho que producen es agua

El nutricionista, sin embargo, matiza: "no es lo mismo una dieta low-carb en la que haya presentes carnes procesadas y grasas de mala calidad que una a base de legumbres y pescado", y señala que es difícil establecer una cantidad estándar de hidratos de carbono diaria, ya que "variará en función de cada persona, de su nivel de actividad física, edad, etc.".

Para Ursúa, dietas como la Atkins, la Dukan o la Pronokal no son recomendables en ningún caso ya que incurren en un error que se debe evitar: "no solo se centran en la distribución de nutrientes más allá de los propios nutrientes, sino que no es raro encontrar afirmaciones cuasi milagrosas asociadas a este tipo de patrones", señala.

Para Ursúa, "es importante entender que la alimentación n o puede consistir en un ciclo de periodos de dieta frente a periodos de no dieta. Debemos centrarnos en llevar unos hábitos de vida saludables e intentar mantenerlos durante toda nuestra vida, y estas dietas han demostrado no ser efectivas a largo plazo puesto que, entre otras cosas, generan muy poca adherencia".

León coincide con esta apreciación y señala, además, los riesgos de lo que conocemos como "efecto yoyó", es decir volver a recuperar el peso perdido, e incluso más, una vez se abandona la dieta. "Nuestro cuerpo tarda entre uno y dos años en acostumbrarse a un nuevo peso, y este tipo de dietas en que se adelgaza con tanta rapidez no garantizan un resultado sostenible, sino que provocan un incremento de peso en cuanto se abandonan".

El nutricionista Ursúa insiste en la necesidad de "dejar de prestar atención al peso", ya que nuestro objetivo debe ser siempre "ganar salud"

En este sentido, Ursúa insiste en la necesidad de "dejar de prestar atención al peso". Nuestro objetivo debe ser siempre "ganar salud, y eso no siempre va de la mano de perder peso. Es importante mejorar la alimentación, hacer ejercicio, cuidar la salud mental, etc. Todos esos hábitos mejorarán el estado de salud y puede que eso conlleve una pérdida de peso, pero si no es así no se pueden abandonar dichos hábitos, ya que son saludables por sí mismos", concluye el nutricionista.