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No esquivar ni bloquear la bofetada y golpear con la mano abierta. Son casi las únicas reglas de estos campeonatos de bofetadas.

No hay categorías, sólo dejan participar a hombres y unos jueces deciden el ganador en caso de controversia. Se suele acabar con la cara colorada, pero te descalifican si golpeas en el ojo o en el oído del contrincante.

Fue en abril de 2018 cuando se celebró el primer campeonato profesional.

Y el pasado fin de semana repitieron el show y ahí apareció Vasily Kamotsky, granjero de 168 kilos.

Primera ronda, a su oponente el sorteo le sale cruz,le toca recibir primero... después de caer al suelo. Sigue tan noqueado que ni se entera que él ya no puede soltar ningún guantazo. Visto lo visto, su segundo rival decide retirarse.

Manotazo a manotazo, Vasily se ganó el derecho a competir entre los profesionales. Y por aclamación popular le dejaron participar en un concurso de comer una típica pasta siberiana.

Más allá del evento principal, en el que los concursantes presumían sus cuerpos, varios aficionados se animaron a participar de éste y otros concursos.

"Yo en realidad fui para ver el espectáculo, pero mis amigos me aconsejaron que participara y me lancé", explicó el hombre de 28 años que trabaja en una granja en Serbia.

Lo curioso es que "Pelmen", como lo apodan sus amigos, no se había preparado para participar:

"Hace mucho que dejé de ir al gimnasio y no manejo ninguna técnica de golpes", explicó en diálogo con El País.

Este torneo es el segundo que se organiza en Rusia, el primero fue el año pasado en Moscú, y Denís Kiyutsin, organizador del evento, explicó que la idea la tomaron de los Estados Unidos:

"Cuando planificamos el festival pensamos crear un escenario un poco más divertido, y se nos ocurrió el concurso de tortazos. Escribimos las reglas, había jueces, todo fue muy bien".

La modalidad es sencilla. Todos los concursantes se cruzan en llaves de eliminación directa. Los enfrentamientos son de a pares. Quien resista más golpes pasa de ronda y el ganador se lleva USD 560.

Un médico y un juez supervisan las batallas que comienzan cuando uno de los concursantes lanza el primer ataque, luego éste debe soportar la embestida del rival y así sucesivamente. Al momento de recibir los ataques, los participantes deben mirar de frente y apoyar ambas manos sobre la mesa que los separa de su adversario.

Vasily Kamotsky eliminó a varios de sus oponentes, pero lo más curioso es que en algunos casos necesitó sólo de dos golpes y en otro de ninguno, ya que su adversario abandonó antes de que comience el combate.

El gigante de 168 kilos ahora es el campeón, pero ni siquiera él conoce su secreto. El sitio español e consultó si su tupida barba lo había ayudado a resistir las bofetadas, pero fue sincero:

"Dolían igual".