PD América

Muchos se han escondido en un miserable campo de refugiados enclavado a medio centenar de kilómetros de Raqqa, la antigua capital del califato montado por los fanáticos islámicos en Siria e Irak y ahora en ruinas.

Entre los niños, los hay de pelo rubio y castaño. Los demás refugiados del campamento Ain Issa los llaman "los Daeshis", que significa los familiares de ISIS. Nadie quiere saber nada de ellos.

Las mujeres son viudas de terroristas de ISIS. Muchas son extranjeras y tienen un futuro mucho más sombrío que el de los aproximadamente 12.000 desplazados de Irak y de Siria en el campamento, o que el de millones de víctimas de la guerra y la rebelión que ahora viven en tiendas de campaña por todo Oriente Medio.

Sus hijos tasmpoco lo tienen claro, sobre todo lo que aparecen en vídeos como el que aparece en cabecera.

Este, horrendo y repulsivo, es la segunda parte de un día cualquiera de 'clase' que transcurría teóricamente en Raqqa, solo hace un año, cuando los terroristas islámicos todavía controlaban un inmenso territorio a caballo entre Siria e Irak.

En aquellos días, los verdugos de esos lares se afanaban en ganar adeptos para sus filas fichando a los más pequeños.

Y mostrando al mundo sus horrores. Así, les entrenabann a conciencia sobre cómo tratar a los prisioneros de guerra y las variadas formas de darles pasaporte rumbo a Alá.

A medida que ISIS desaparece, los miembros más vulnerables de sus filas quedan cada vez más expuestos.

En las cruentas imágenes, un niño de corta edad con prominente dentadura y sus compañeros se meten en una especie de casa abandonada tipo madriguera, donde han metido a un pobre diablo vestido para la ocasión, y a quien descerraja el mentado un tiro sobre la calva sin pensárselo dos veces.