PD América
La nueva 'temporada española' de Friends, en redes sociales: Montero, Maduro, Iglesias, Sánchez, Anna Gabriel y Otegi. EP

YA se ha consumado la enésima estafa en Caracas, que si no fuera por lo sangrienta, criminal y monstruosamente dolorosa que es para la población, sería uno de los más ridículos esperpentos jamás habidos.

Este 10 de enero de 2019 Nicolás Maduro, dictador y pelele a un tiempo, organizó una ceremonia para mayor gloria propia y perfecta inutilidad más allá, con la que dar por inaugurado su segundo mandato como presidente de la República de Venezuela. Dice que por seis años gracias a los votos del pueblo.

Él sabe que ambas cosas son mentira. En realidad, todo lo que rodea a Maduro es mentira, menos el hambre, el terror, el colapso del Estado y la agonía del pueblo.

Cierta es también la demencial arbitrariedad que todo lo envenena y nada respeta. Como cierto es el dinero que ha comprado voluntades y la servidumbre inmoral e indigna de políticos extranjeros, especialmente españoles.

Es mentira que haya sido elegido. Porque no ha habido elección que merezca tal nombre desde las legislativas de diciembre de 2015 que le propinaron el brutal golpe de rechazo que le llevó a perder todo escrúpulo en la represión criminal.

Y es mentira su mandato. Porque sus opciones reales de futuro están en la huida a un exilio en China, Rusia u otra guarida donde comprar seguridad con su botín. O ser arrastrado por las calles de Caracas y muerto a golpes como un perro, tal como sueñan tantos venezolanos.

Ayer estaban ausentes hasta muchos de los más conspicuos cobardes gobernantes de países de la OEA que, por temor reverencial al castrismo ocupante en Venezuela, aún apoyaban hace poco a Maduro, el sicario incombustible.

Solo le acompañaron ayer ya cómplices más directos, dictadores comunistas como él, de Bolivia, Evo Morales; el de Nicaragua, Daniel Ortega, y por supuesto de Cuba, el amo, ahora Miguel Díaz-Canel. México, que con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) podría estar, según los más pesimistas, en un camino del delirio destructor similar al de Venezuela, no se quiso unir a los miembros de la OEA que condenaron la farsa, tacharon de ilegítimo al régimen y boicotearon la ceremonia.

Pero hasta a AMLO le dio vergüenza enviar a nadie más que a su encargado de negocios de la embajada en Caracas.

Con este aislamiento muchos se preguntan cómo aguanta un régimen que ha logrado la inaudita gesta destructiva de hundir en la hambruna al país más rico de Iberoamérica, con la mayor reserva de petróleo del mundo. Por lo mismo que se mantiene desde hace 60 años el régimen de La Habana.

Porque tiene suficientes cómplices en las democracias como para impedir todo intento de liberar a esos países de un régimen tan fracasado como asesino, tan canalla como brutal en su eficacia represiva.

En el capítulo de las complicidades con la mafia de ladrones y asesinos que componen la cúpula del poder en Venezuela y Cuba, España juega un tristísimo papel. En España está la única franquicia europea parlamentaria de esa mafia comunista. Y un exjefe de Gobierno español avergüenza a toda España como principal agente defensor de un dictador que asesina a diario a su población.

Así sobrevive Maduro, supremo capataz de un régimen criminal y de una inmensa red de narcotráfico y lavado de dinero con mando en La Habana. Allí estuvo hace poco Pedro Sánchez, en un viaje tan absurdo y poco explicado como la visita que él recibió en La Moncloa del especulador George Soros, otro financiador de favores políticos del izquierdismo.

Los vínculos que forjan complicidad ideológica e ingentes sumas de dinero de negocios legales e ilegales hacen la malla que impide se estrelle el capataz asesino del régimen que ayer se celebraba a sí mismo.