PD América
Roberto Osorio

Roberto Osorio caminaba por las calles de Córdoba cuando lo vio: "Un pequeño grupo de 20 o 30 personas que estaban respaldando la dictadura de Venezuela". Una escena que le indignó y le hizo recordar como un relámpago en su memoria todas las atrocidades vividas en su natal Cumaná. Sin dudarlo, encendió la cámara de su teléfono y acudió hasta los manifestantes que fueron convocados desde la Embajada de Venezuela y el Partido Comunista Español para preguntar "a un par de tontos" qué estaban exigiendo. (Vídeo: Venezolano humilla a "un par de tontos" españoles que defienden a Maduro)

"Lo hice porque me dolió. Vengo de un país donde no hay medicamentos para combatir el Alzheimer o para el cáncer infantil, donde las personas mueren por la falta de insumos en los hospitales", ha puntualizado a PD América. Sin olvidar la inseguridad y la corrupción en los cuerpos de Seguridad del Estado, lo que llevó a que Osorio tuviera que escapar de su hogar a la una de la madrugada tras denunciar haber sido víctima de un secuestro. (Cuál es el verdadero poder que ejerce Juan Guaidó al ser presidente "encargado" de Venezuela)

"Me secuestraron por tres horas. En ese tiempo, me torturaron para que les dijera dónde tenía el dinero. Cuando tenían la información necesaria, estaban dispuestos a asesinarme, pero uno de ellos aseguró al resto que ‘me portaría bien', por lo que me perdonaron la vida", recuerda. Sin embargo, toda la pesadilla se reavivó cuando puso la denuncia y la información llegó a manos del grupo criminal, quien fue a buscarle a la una de la mañana en su casa, obligándole a escapar por la parte de atrás de su vivienda.

El joven, que encaró con valentía a la manifestación comunista a favor de Nicolás Maduro, desmiente la afirmación de que todos los venezolanos en España son personas adineradas que sólo buscan conversar la riqueza de sus familias. "Me quitaron todo en Venezuela, no sólo al ser secuestrado y torturado, sino también cuando me saquearon mi casa, se llevaron todo el dinero que encontraron y hasta dos coches. Uno de ellos desvalijado casi instantáneamente", precisa el venezolano.

Obligado a huir de Venezuela

A pesar de que inicialmente viajó a Caracas para escapar de las amenazas de muerte, su vida no estaba a salvo. La vinculación entre bandas delictivas y fuerzas policiales hacen que no sea segura ninguna ciudad del país. De ahí que saliera hacia Ecuador, donde permaneció hasta dos años y se dedicó al emprendimiento en el sector de la panadería. "Después de realizar una inversión y de ofrecer una producción más rápida que la local, me cancelaron los acuerdos por un simple tema de racismo, ya que me aseguraban que sólo querían pan realizado por ecuatorianos".

Una situación que, sumada a que "seguía sintiéndome inseguro", llevó a que terminase hace unos cinco meses en España. "Llegué con nada, solicité protección con todas las pruebas de las torturas y persecuciones de las que fui víctima, y ahora estoy a la espera del permiso laboral para comenzar de nuevo".

Sin embargo, el venezolano deja claro un punto: "Lo único que no ha logrado robarme es la esperanza de volver a mi país y ayudar en el proceso de recuperación".