La Ladera y Picazos de Hoyo es una extensísima finca privada que ocupa la práctica totalidad del monte de Hoyo de Manzanares desde Los Picazos, El Estepar (vértice geodésico más conocido como La Mira) o La Tortuga -sin duda uno de los parajes más emblemáticos de Hoyo de Manzanares- hasta Matalasgrajas, campo de tiro y maniobras de la Academia de Ingenieros del Ejército de Tierra.
En un artículo titulado “Qué bonito que era Hoyo”, el portavoz de la familia Morando, propietaria de la finca, ha expresado la tristeza que le embarga ante el “desarrollo urbanístico” de Hoyo de Manzanares. Extraño sentimiento, habida cuenta de la dramática distancia que separa a este municipio del desarrollo que han experimentado los municipios vecinos (Torrelodones, Moralzarzal, Alpedrete o Colmenar Viejo) en todas sus vertientes, y en la urbanística especialmente. La mera coexistencia de ambos conceptos en Hoyo de Manzanares -desarrollo y urbanismo- sería un prodigio de tal naturaleza que precisaría, sin duda, de la intervención divina. Además de la gestión de un buen alcalde.
Atribula al portavoz de la familia Morando que en el municipio se reformen viviendas con cubiertas y fachadas que no se ajusten a su muy particular patrón estético -o sea, como la taberna de la “Aurelia”- lo que ocasiona, en su opinión, un impacto visual insoportable que le aflige hasta el punto de hacerle exclamar apesadumbrado: “¡Qué pena de pueblo! Porque ya no es tan bonito, y cada vez lo es menos.”
En este contexto, supuestamente estético, cobra especial significado el magnífico trabajo de investigación periodística de Rafael Gómez, publicado en Crónica de Madrid, sobre los montes de la Comunidad de Madrid en el que demuestra que las dos terceras partes de los espacios verdes boscosos de nuestra Comunidad son de titularidad privada. Los Cortina Koplowitz, los herederos del general Martínez Campos, que restauró al rey Alfonso XIII, los Urquijo, los Armada, el duque de Fernán Núñez o los descendientes de Godoy son algunos de los grandes propietarios de los montes madrileños. “Otras grandes fincas están en manos de constructores, grandes empresarios del transporte, banqueros y hasta de toreros. Algunos de estos bosques se extienden por varios municipios y llegan a ocupar decenas de hectáreas. Los pinares de Rascafría tienen 102 hectáreas y pertenecen a una multinacional belga”, precisa el autor del informe. En el ranking de montes privados de la Comunidad de Madrid que acompaña al citado trabajo figura, naturalmente, el de Hoyo de Manzanares con La Ladera y Picazos de Hoyo.
Algunos de estos terratenientes han llegado a acuerdos de diversa índole con los respectivos ayuntamientos para ceder parte de sus fincas y convertirlas en áreas naturales de titularidad pública. No es ese el caso de la familia Morando, que después de establecer un nuevo cerramiento para impedir la entrada de todo tipo de visitantes a La Ladera y los Picazos de Hoyo -tanto por rutas de senderismo señalizadas, como por cualquier otra vía- ha reiterado sus denuncias al ayuntamiento de Hoyo de Manzanares y a la Consejería de Medio Ambiente por violación de la propiedad privada, que han derivado en un contencioso contra la Consejería de Medio Ambiente. Quizá haya sido éste el motivo por el que la Consejería haya denegado las subvenciones (dinero público que pagamos entre todos, vía impuestos) que solicitaron los propietarios para la conservación de su finca.
Afortunadamente disfrutamos de un Estado de derecho. Claro que nuestro ordenamiento jurídico protege la propiedad privada. Pero también reconoce el interés público y contempla la expropiación forzosa. Cavilando sobre un asunto de tanta trascendencia social, económica y medioambiental como es la titularidad del monte en un municipio con tan escasos recursos como Hoyo de Manzanares -incluido íntegramente en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares-, sorprende aún más la preocupación de la familia Morando por el deterioro estético que, en su opinión, producen en el municipio los colores, las fachadas o las cubiertas que no les gustan, “esos espantosos tejados de pizarra con varios planos…” y sin embargo, que no se haga la menor alusión al hecho de que ellos, literalmente, hayan puesto puertas al campo con un cerramiento metálico infame que cerca el monte de Hoyo de Manzanares. Aunque sea suyo.
Resulta muy lamentable que desde la atalaya de La Ladera, en lugar de contemplar con generosa perspectiva la auténtica problemática del municipio, se formulen reparos estéticos injustos -y muy discutibles por otro lado- mientras que, no sabemos con qué fines, se denuncia un inexistente desarrollismo urbanístico y se silencian, voluntariamente, las clamorosas carencias de infraestruc-turas, viviendas, comunicaciones y servicios esenciales que han colocado a Hoyo de Manzanares en el furgón de cola de los municipios del noroeste de la Comunidad de Madrid, con veinte años de atraso con relación a los municipios vecinos.
Confiemos, no obstante, en que los propietarios de La Ladera no compartan actitudes tan insolidarias e inmorales como la de aquellos terratenientes, que tan bien describieran Berlanga o Camus en «La escopeta nacional» y en «Los santos inocentes» que, instalados en el siglo XIX, recurren cansinamente al encanto de lo rural y al tópico de la calidad de vida -pensando sin duda en la que disfrutan ellos- como coartadas infalibles para defender sus privilegios e intereses, mientras que, en un alarde de estupidez y egoísmo, abominan de los municipios que sí han sabido defender los derechos de sus vecinos, haciendo compatibles el disfrute de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente con el derecho al trabajo, la vivienda o la educación, promoviendo el desarrollo social y económico de sus pueblos.
