Bahía de Cádiz, un consorcio de transportes tercermundista

Tercermundista. Así es el servicio que miles de gaditanos –y quienes tenemos la dicha de visitar Cádiz y su provincia– recibimos del Consorcio de Transportes de la Bahía de Cádiz.

Y es que, aparte del lamentable estado de suciedad y deterioro de muchos de sus autobuses de transporte interurbano, la mayoría (todavía no he encontrado ninguno que los lleve) carecen del obligatorio cinturón de seguridad. Es igual que desde Sanlúcar, por ejemplo, vaya usted a Cádiz, Chiclana, Costa Ballena, Puerto de Santamaría o Jerez de la Frontera… (empresa “Valenzuela”) o a Trebujena, Lebrija, Dos Hermanas, Sevilla… (empresa “Los Amarillos”). Etcétera. Todos sin cinturón, claro. Algo inaudito, peligroso e ilegal. Porque, si un ciudadano cualquiera viaja en su vehículo particular sin llevar abrochado el cinturón de seguridad, con toda probabilidad será detenido por la Guardia Civil de Tráfico, sancionado con la pérdida de tres puntos del carné y una multa de 200 €. Una infracción grave (art. 65.4 h de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial).

Sin embargo, en un servicio público, de titularidad pública, donde la seguridad de los usuarios debería primar sobre cualquier otro aspecto -y las autoridades competentes velar por su estricto cumplimiento–, esta infracción se repite mil veces cada día y queda impune.

Lo mismo ocurre con los equipajes. Si, maleta en mano, le pide usted al conductor que abra el maletero del vehículo para dejar el equipaje, lo mirará con cara de asombro, como si usted fuera un extraterrestre. Luego, muy digno, casi sentencioso, como quien recita una jaculatoria le responderá gravemente: «caballero, este autobús no tiene maletero». Y se fumará un puro.

Ande, vaya usted en su vehículo particular y lleve un perrillo de un kilo, suelto, en sus brazos, ya verá lo que le pasa: el radar “Pegasus” de la DGT lo escrutará implacable desde las alturas y todo el peso de la Ley caerá sobre usted. Y sobre su perro.

Así que, harto, tirando de maleta y con el billete en la boca, se sube usted al “artobús” -grande como un trasatlántico, al parecer construido ex profeso sin maletero y sin cinturones de seguridad para el Consorcio de Transportes «Bahía de Cádiz»-, se abraza a su maleta y la arropa durante el viaje mientras, entre tumbo y tumbo, se acuerda del conductor, de su muy respetable madre, de la empresa de autobuses, del Consorcio de Transportes «Bahía de Cádiz» y de toda su provincia.

Esperemos que nunca una tragedia irreparable multiplique estas carencias, vitales en caso de accidente. Ni Cádiz, la ciudad más bonita de España, ni sus maravillosos pueblos, ni sus gentes se lo merecen.

Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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