Así pues, como indicaba Nietzsche, la felicidad del hombre tiene por nombre “yo quiero”. Las profundas raíces del egoísmo inmovilizan los movimientos altruistas del ser humano, y hacen que dañemos
Mientras el ciudadano vive su hermosa vida de náufrago, la corrupción sigue, calenturientamente, creando seres sanchopancescos que cambian la ética por una ínsula, en la que sueñan con levantar su