(PD/Agencias).- Como la obesidad, la talla final de un individuo depende de numerosos factores genéticos y ambientales. Lo que se suele llamar «naturaleza y crianza».
En la altura, el código genético explica casi el 90% de las diferencias entre distintas poblaciones. La alimentación y otros factores ambientales sólo actúan en el 10% restante.
Sin embargo, la población humana ha ganado cada siglo un centímetro por la disminución de las infecciones y por una mejora de la higiene y la nutrición a lo largo de la historia.
La talla registra el impacto de las enfermedades, del trabajo y del medio ambiente desde que el organismo se encuentra en el útero de la madre hasta los 20 años, aproximadamente, edad en la que se alcanza el crecimiento final.
La altura es un indicador del nivel de vida y bienestar de las poblaciones, como se ha podido comprobar en nuestro país. La prosperidad de los años 50 en España logró el mayor estirón. Entre 1955 y 1990 los españoles crecieron algo más de 8 centímetros, a un ritmo superior al de los europeos como consecuencia del crecimiento de la renta y del nivel de vida.