Aerolito no, megacriometeoro

(PD).- ientíficos españoles y la Guardia Civil aseguran que el objeto que cayó en 2007 en una localidad de Madrid se formó en la atmósfera y no en el espacio exterior y puede estar relacionado con el cambio climático.

Un equipo de científicos españoles y del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil han publicado un estudio conjunto sobre un conglomerado de hielo que cayó sobre el tejado de una fábrica de Mejorada del Campo (Madrid) el 13 de marzo de 2007.

Los resultados del trabajo, que aparecen en el último volumen de la revista Journal of Environmental Monitoring, indican que esta formación helada, de un peso aproximado de 10 kilogramos, se formó «inequívocamente» por la congelación de vapor de agua procedente de la atmósfera.

Se trata pues de un megacriometeoro y no de un aerolito, como a menudo lo han definido los medios de comunicación. Según explica el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC) su origen es «troposférico» y no «cósmico», es decir, no se trata de fragmentos procedentes del espacio que caen sobre la Tierra. Los especialistas consideran, además, que estos megacriometeoros podrían ser nuevas señales del cambio climático.

Nueve casos en ocho años

El investigador principal del proyecto, Jesús Martínez Frías, del Centro de Astrobiología, una institución mixta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), explica que, en el año 2000, cayeron numerosos megacriometeoros en diversos puntos de España y, desde entonces, los científicos han registrado los impactos.

«Entre 2001 y 2008 se han contabilizado 9 casos en nuestro país y unos 70 a nivel mundial», asegura Martínez Frías, que recuerda que estos conglomerados de hielo podrían suponer un riesgo para las personas y los bienes materiales, especialmente para la aviación.

Intervención de la Guardia Civil

Francisco Alamilla, químico del Laboratorio de Medio Ambiente del SECRIM, señala al SINC que el equipo de la policía judicial de la Guardia Civil que se desplazó hasta Mejorada congeló rápidamente las muestras del megacriometeoro y las trasladó al laboratorio.

Después, especialistas del SECRIM descongelaron algunas fracciones y midieron algunos valores. «Enseguida nos dimos cuenta de que era agua de lluvia, y los resultados de los análisis y las pesquisas previas también nos permitieron descartar que se tratara de una broma», asegura Alamilla. Esto les llevó a contactar con Martínez Frías y los expertos del CSIC.

Los análisis fisico-químicos, microbiológicos y de metales realizados por la Guardia Civil se complementaron con otros desarrollados en el Centro de Astrobiología, en Madrid, y en la Estación Experimental del Zaidín (CSIC), en Granada, donde se estudió la composición isotópica. También han participado investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de La Laguna (Tenerife).

No está originado por un avión

Los científicos descartan que el megacriometeoro se pueda haber formado por condensación de agua en las alas u otras estructuras de un avión, ni que proceda de las aguas residuales de las aeronaves, ya que no han encontrado ningún componente orgánico en las muestras.

Trozos de hielo como éste ya caían antes de que se inventaran los aviones, explica Martínez Frías, «aunque sí es cierto que a partir de la década de los 50 se incrementó espectacularmente el número de impactos en todo el mundo». Hay registros en países como Australia, Japón, India, Sudáfrica, Suecia, Estados Unidos o Argentina.

Hasta el momento no hay una explicación científica satisfactoria que aclare cómo comienza el proceso de formación de estos trozos de hielo ni cómo van creciendo después o cómo pueden mantenerse en la atmósfera si pesan varios kilos. «Pero el caso es que caen», afirma Martínez Frías.

Los expertos consideran que hay que monitorizar y seguir estudiando los megacriometeoros de modo multidisciplinar, no sólo por el peligro que representan, sino también porque podrían ser los indicadores de riesgos medioambientales más serios.

Relación con el cambio climático

Estos fenómenos atmosféricos extremos suelen coincidir con comportamientos anómalos en la tropopausa, que es la frontera entre la troposfera y la estratosfera, donde se producen extrañas ondulaciones de los vientos, que cambian bruscamente de dirección y velocidad, así como con un incremento de la humedad y anomalías en la capa de ozono.

Todo esto hace pensar a los científicos que los megacriometeoros podrían ser, como desde enero de 2000 vienen proponiendo diversos artículos científicos, un nuevo tipo de señales o huellas del cambio climático.

El término megacriometeoro fue acuñado conjuntamente por Martínez Frías y el climatólogo de la Universidad de Wisconsin-Whitewater (Estados Unidos), David Travis, que lo presentaron oficialmente en un congreso internacional sobre catástrofes medioambientales celebrado en la Universidad Brunel (Reino Unido) en 2002.

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