¿Por qué hay dos sexos?

¿Por qué hay dos sexos?

(PD).- El filósofo de la ciencia y darwinista Ambrosio García Leal plantea el debate sobre la enigmática existencia de dos sexos diferenciados en el mundo animal cuando la selección natural debería haber apostado por la clonación, más rentable a corto plazo.

Ambrosio García Leal, que se define como «darwinista, pero no ultraadaptacionista«, explica esta teoría en su nueva obra, El sexo de las lagartijas. Controversias sobre la evolución de la sexualidad (Tusquets), que es la segunda parte de su anterior ensayo, La conjura de los machos, en el que invirtió diez años de trabajo.

El sexo de las lagartijas, dedicado al sexo de los animales, ha sido, en cambio, más fácil para el autor, que lo ha redactado en un año con el objetivo de plantear entre la comunidad científica el porqué de la existencia de los dos sexos cuando parece que sería mucho más «rentable» a corto plazo para la selección natural apostar por la alternancia asexual.

En una entrevista, García Leal recuerda que el sexo es la modalidad reproductiva mayoritaria en animales, plantas y otras formas de vida, y de ahí la pregunta natural es cuál es la ventaja del sexo sobre la clonación sexual.

«El problema de los problemas» es, como define este biólogo de Barbate (Cádiz), la existencia del sexo, la opción reproductiva mayoritaria entre los eucariotas -organismos constituidos por células complejas-, a pesar de que hay especies, como los microbios unicelulares, que lo han abandonado y se han pasado a la clonación sexual y se reproducen por sí solos sin necesidad de aparearse con ningún congénere.

Adaptarse al entorno

García Leal repasa propuestas científicas como la del biólogo alemán August Weismann (1834-1914), que insistió en el carácter problemático de la reproducción sexual desde el punto de vista evolutivo.

El científico español hace ahora «una reformulación de la idea de Weismann: el sexo proporciona independencia de la incertidumbre del entorno», es decir, en la necesidad de adaptarse a un entorno impredecible.

En El sexo de las lagartijas, este doctor en filosofía de la ciencia explora la evolución del sexo y de los sexos, el significado evolutivo de la sexualidad, tanto en el sentido amplio de intercambio de genes como en el restringido de reproducción sexual, así como las implicaciones evolutivas de macho-hembra.

En relación con la «coerción sexual«, que define como «el uso o la amenaza de la violencia para forzar a una hembra a aparearse«, considera que esta violencia que, a nuestros ojos puede aparecer incluso como una violación, no es así en el mundo animal según la teoría darwinista.

Se trataría, según su definición, de un «cortejo sadomasoquista«, una forma de cortejo con elementos violentos por parte del macho para conseguir copular con la hembra.

García Leal pone el ejemplo de unos chinches acuáticos, denominados zapateros,cuyos machos han desarrollado abrazaderas para inmovilizar a las hembras, mientras éstas tienen unas espinas dorsales que dificultan la consumación de la cópula.

Cita también a los orangutanes, especialmente los jóvenes, como «violadores impenitentes«, y a algunas aves como proclives al sexo extraconyugal oportunista.

No obstante, en los animales la coerción sexual «no es una conducta estándar» y cuando se da un forzamiento por parte de los machos «siempre está limitado» para que el objetivo final, dejar preñada a la hembra, se consiga.

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