Harvard ya es cosa de mujeres

(PD/Agencias).- Se llama Drew Gilpin Faust, doctora en Historia de 59 años, hasta hoy presidió una de sus facultades de la Universidad de Harvard y hoy hará historia. La razón: el consejo de supervisores tiene previsto tomar una decisión sin precedentes en sus 371 años de historia Va a encomendar el puesto de rector a una mujer y esa mujer es Drew.

Aunque Drew Gilpin Faust actualmente dirige el Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados, la más pequeña de las facultades de Harvard, que dedica sus investigaciones a la mujer, la sociedad y las cuestiones de género, ella no se formó allí. Sus estudios y sus primeros años de carrera académica los realizó en la Universidad de Pennsylvania. Su especialidad es la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-65) y la Historia de los estados del Sur.

Sin gran experiencia administrativa y con un bagaje académico centrado en el estudio de la decimonónica guerra de secesión americana, la profesora Faust debe este envidiable ascenso a la polémica protagonizada hace dos años por su antecesor, el ex secretario del Tesoro Lawrence Summers.

Un brillante economista que, con un estilo especialmente abrasivo para la vida académica de Boston, generó todo tipo de iras y tuvo que dimitir tras argumentar que una falta intrínseca de aptitudes podría explicar la presencia marginal de mujeres en la primera división universitaria de las ciencias y las matemáticas.

Drew Gilpin Faust, de 59 años, venía trabajando desde el 2001 como decana del Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados, que cuenta con quince profesores y un presupuesto anual de poco más de 12 millones de euros.

Como rectora de la Universidad de Harvard, tendrá a su cargo una plantilla de 25.000 personas y un presupuesto anual superior a los 2.300 millones de euros. Además de la responsabilidad de mantener una tradición de excelencia que ha producido siete presidentes de Estados Unidos, más de 40 premios Nobel y por la que un estudiante de licenciatura debe pagar ahora más de 33.000 euros por año.

Faust reemplazará a Lawrence Summers, de controvertida gestión. En sus cinco años al frente de Harvard, quien fuera el ex secretario del Tesoro de la era Clinton sumó choques y conflictos con el claustro de profesores. Su gran metedura d epata, como se explica más arriba, fue decir que la escasez de mujeres en los altos puestos científicos se debía a «diferencias genéticas» entre ambos sexos. Desgastado, renunció en junio pasado.

«Harvard ha sido un sitio muy solitario para las mujeres», reconoció la directora del departamento de Sociología, Mary Water. «Esperamos mucho tiempo por una noticia así», comentó Patricia Graham, profesora emérita de Historia de la Educación, quien recordó que en sus tiempos de estudiante, en los ’70, las mujeres tenían acceso limitado a ciertos sectores del campus.

Harvard, con un presupuesto anual de 3.000 millones de dólares, integra la selecta «Ivy League», el grupo de ocho universidades de mayor prestigio del Este. En tres de ellas —Princeton, Pennsylvania y Brown— las máximas autoridades son mujeres.

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